martes, 30 de enero de 2018

¿SOY UNO DE LOS NUEVE?

 
Sed llenos del Espíritu... cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Efesios 5:18-20
 
 Lea Lucas 17:11-19
 
 
Jesús se encontró con diez hombres que tenían lepra, enfermedad que en aquella época era incurable. Puestos en cuarentena, estaban abandonados a su triste suerte. La ley de Moisés declaraba: El leproso “habitará solo; fuera del campamento será su morada” (Levítico 13:46).
Estos hombres fueron al encuentro del Señor y, a distancia, le suplicaron: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”. Su oración fue rápidamente escuchada: Jesús no los rechazó. Lleno de compasión respondió a su miseria, como lo hace con todos los que se dirigen a él con fe. Les dijo que fueran a mostrarse a los jefes religiosos para que fuesen testigos de su curación. Y mientras iban, fueron sanados. ¡Qué felicidad debieron sentir! Uno de ellos, un extranjero, al ver que estaba sanado, volvió a Jesús “glorificando a Dios a gran voz”. Él, quien antes no podía acercarse a Jesús, se echó a sus pies dándole gracias. Esta manifestación de agradecimiento alcanzó el corazón del Señor. Pero, ¿dónde estaban los otros nueve leprosos sanados? Ninguno había vuelto para dar gloria a Dios.
Nuestro Señor desea que aquellos a quienes salvó le expresen su agradecimiento. Lo espera de cada uno en particular, pero también nos invita a alabarlo colectivamente. ¡Qué gozo cuando, con simplicidad, en espíritu y en verdad, podemos hacerlo juntos, incluso si somos pocos, para recordar al Señor Jesús y ofrecerle nuestra adoración por medio de cánticos espirituales y oraciones que expresan nuestro agradecimiento! ¡Él es digno de ello!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

miércoles, 24 de enero de 2018

LO QUE ME MOSTRÓ LA BIBLIA

 
Enséñame tú lo que yo no veo.
Job 34:32
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio.
Salmo 51:10
 
 
«Cuando era niño vi cómo mis padres se agredían verbalmente. En la escuela vi cómo mis compañeros se peleaban por un lápiz. Cuando era joven presencié la violencia de los chicos de la calle. En el mundo del trabajo observé luchas por el poder, injusticias, promesas incumplidas, mentiras, hipocresía... En el hogar vi engaños, intolerancia y traiciones. No vi de cerca grandes actos de delincuencia, tampoco viví la guerra, pero vi imágenes de ella. En todas las esferas de la sociedad, en la familia, tanto en los contextos ricos como en los más modestos, vi en qué se convirtió el hombre abandonado a sus pasiones: orgulloso, pretencioso, mentiroso, infiel, perezoso, irascible, hipócrita, codicioso...
Luego la Biblia surgió en mi vida y me vi a mí mismo, descubrí lo que hay en mi corazón. ¡Había visto muy bien los errores de los demás, pero no los míos! La Biblia me mostró primeramente a Dios el creador. Luego me mostró a Jesús, el hombre perfecto, el Hijo de Dios. Me habló del pecado. Era un espejo en el que me vi por primera vez como un hombre desfigurado debido a las numerosas y profundas marcas del pecado. La Biblia me mostró claramente mi fealdad interior, me mostró que era incapaz de mejorarme por mí mismo. Entonces se me presentó como el único y último remedio».

“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1:19-21).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 21 de enero de 2018

LA EXPRESIÓN DE LA SALVACIÓN

(El ladrón) dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lucas 23:42-43

Esta segunda frase de Cristo en la cruz es una respuesta a la petición del ladrón que estaba crucificado a su lado.
Los enemigos de Jesús parecían haber triunfado... La mayoría de sus amigos lo había abandonado. La crucifixión misma iba en contra de todo lo que se esperaba del Mesías. A pesar de todas las apariencias y contradicciones, uno de los dos ladrones condenados al mismo tiempo que Jesús se dirigió a Él y le dijo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”.
Había empezado injuriando a Jesús, pero arrepentido terminó confesando: “Recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este (Jesús) ningún mal hizo” (Lucas 23:41).
Viendo que Jesús iba a morir, ¿cómo pudo discernir que él era el Rey y que volvería, y esperar que Jesús le prestara atención a él, un criminal?
Como era una persona excluida de la sociedad, sería olvidada pronto. Pero allí, muy cerca de él, estaba aquel a quien se atrevía a hacerle la siguiente súplica: “Acuérdate de mí”. La respuesta de Jesús fue inmediata: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). Esta nos revela su amor y su poder para salvarnos.
Independientemente de cuál sea nuestro estado, Jesús siempre está listo para recibirnos si vamos a él mediante la fe. ¡Su amor es infinito y su poder también! “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

viernes, 19 de enero de 2018

EL MILAGRO DE LA RESURRECCIÓN

 
(El cuerpo) se siembra en debilidad, resucitará en poder. Como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.
1 Corintios 15:43, 49
 
 
En mi jardín, en la rama de un rosal, una oruga gris trepaba y tanteaba buscando probablemente un lugar apropiado para hacer su metamorfosis. Se instaló en una horquilla y, pacientemente, empezó a confeccionar su capullo.
Como me interesaba el fenómeno, a menudo iba al jardín para no perderme la eclosión. En efecto, un buen día tuve la alegría de presenciar el nacimiento de una magnífica mariposa que desplegó sus alas multicolores y las dejó secar al sol. Aún era frágil y estaba como aturdida por la extraordinaria transformación que acababa de tener y deslumbrada por la luz del día.
Esa oruga y esa mariposa era un solo y único ser; había empezado su vida trepando y la terminó volando. Sucede lo mismo con el creyente, a quien el Señor salvó. Mientras vive en la tierra va caminando a duras penas, vinculado a la naturaleza contaminada por el pecado, soportando la enfermedad, el cansancio, las dificultades. Luego se duerme y su cuerpo es colocado en una tumba, al igual que una crisálida aparentemente sin vida. Pero este no es el final de su historia. Llegará el día en que el Señor lo revestirá con un cuerpo inmortal semejante al suyo, y entonces emprenderá el glorioso y definitivo vuelo hacia la casa del Padre.
“Entonces se cumplirá la palabra que está escrita:... ¿Dónde está, oh muerte... tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:54-57).

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domingo, 14 de enero de 2018

LA EXPRESIÓN DEL PERDÓN

 
Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:33-34
 
 Los evangelios relatan siete frases que Jesús pronunció cuando estaba en la cruz. En la primera, Jesús intercede a favor de los que lo crucificaron: “Padre, perdónalos”. ¿Pensó en sí mismo? ¿Se quejó de su dolor? No, sino que intervino a favor de los demás. Había empezado su ministerio público orando (Lucas 3:21), y terminó de la misma forma, es decir, cumpliendo lo que había enseñado a sus discípulos: “Orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).
El Hijo de Dios fue clavado en la cruz por los hombres. Él, el creador del universo, fue despreciado y rechazado por su criatura. ¡Es impensable que los hombres hayan actuado así contra el santo Hijo de Dios, burlándose de la verdad y de la justicia, sin que el juicio y la condenación haya caído sobre ellos! Pero Jesús pidió el perdón para aquellos que lo crucificaron. Y en su gracia Dios detuvo el juicio que merecía toda la humanidad. Dios ofrece su perdón a todos los que acepten mediante la fe el mensaje de Cristo.
Amigos cristianos, esta primera frase de Jesús nos invita a no excluir a nadie del campo de nuestra oración y a no cansarnos de orar. También nos muestra que el perdón siempre es posible. Por medio de Jesús, ese perdón es una realidad para todos los que confían en él. Como hemos sido perdonados, así también debemos perdonar a los demás (Colosenses 3:13).
 
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

lunes, 8 de enero de 2018

EL LIBRO VIVIENTE

 
La palabra del Señor permanece para siempre.
1 Pedro 1:25
(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Marcos 13:31
 
 
La Biblia no es un libro religioso entre otros, sino el Libro único, pues Dios nos habla por medio de ella. Es el fundamento de la fe cristiana; es el Libro del pasado, del presente y del futuro. Es un Libro que nunca pasa de moda, un Libro rico y profundo que podemos leer cientos de veces sin agotarlo jamás. ¡No hay ningún libro que podamos comparar a la Biblia!
Esta fue escrita por cuarenta escritores diferentes, pero tiene un único autor: Dios. No es la expresión de los pensamientos humanos, “sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).
En la Biblia Dios nos explica por qué el hombre ya no puede comunicarse con Dios ni tener comunión con él. Este Libro es el mensaje de amor de Dios, quien quiere establecer con el hombre una relación nueva, viva y eterna. Leer la Biblia creyendo lo que Dios dice abre efectivamente ese camino hacia él.
Nos complace llamar la Biblia la Palabra de Dios, una palabra viva. Ella actúa y penetra en el corazón. Responde, entre otras, a dos grandes preguntas:
– ¿Qué hace que el hombre esté, de una u otra manera, en rebelión contra Dios? Su pretensión de vivir sin Dios, como resultado del pecado.
– ¿Cómo encontrar la felicidad de vivir con él? Por medio de Jesucristo, quien vino a la tierra para liberar al hombre de su estado de pecado y llevar a su Padre a cada uno de los que creen en él.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 6 de enero de 2018

JESÚS ES EL ÚNICO CAMINO

 
Dios nuestro Salvador... quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.
1 Timoteo 2:3-6
 
 
Varias veces la Biblia afirma claramente que solo podemos ser salvos mediante Jesucristo:
–Jesús declara de forma precisa: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Jesús no solo es un modelo o un pensador, sino el único medio para ir a Dios. Es la única fuente de verdad, y el único medio para obtener la vida eterna.
–Jesús representa a Dios en la tierra, es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15) y el único que ha visto a Dios el Padre (Juan 1:18).
–Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Dios quiere que todos sean salvos. Ofrece gratuitamente la salvación a todos los que creen en Jesús.
–La Biblia precisa que no hay un medio alternativo, es decir, no hay otro camino para ir a Dios: “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre (que el de Jesús) bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
–Jesús dice que él es la puerta por la que entran las ovejas, y denuncia a aquellos que se presentaron antes o después de él, diciendo que eran el Mesías. Declara: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9).
–Jesús no solo es el único camino para ir a Dios, sino que también es el que nos libera y nos salva si creemos que él es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

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miércoles, 3 de enero de 2018

VAYA A JESÚS

 
(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Mateo 11:28
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Apocalipsis 3:20
 
 
Vaya a Jesús
Si debido a la desesperación quiere acabar con su vida, vaya a Jesús y cuéntele su miseria. No ponga en duda el hecho de que él le escucha, le ama y quiere liberarlo de su triste situación. Incluso puede renovar totalmente sus pensamientos y darle tranquilidad.
Al igual que todos los seres humanos, usted tiene aspiraciones intensas que solo Dios puede satisfacer. Mientras esa necesidad no esté satisfecha, le falta algo.
Jesús quiere estar a su lado para darle a conocer el Evangelio, para enseñarle que vino a la tierra a fin de satisfacer sus necesidades espirituales.
Mediante el Evangelio descubro que tengo valor a los ojos de Dios. Él me ama tal como soy y más allá de lo que yo me dé cuenta. Puede perdonar mis faltas pasadas, sean cuales sean... ¡Puede perdonar todo aquello de lo que mi conciencia me acusa! Jesús murió por mí precisamente para pagar por mis pecados. El sentido de mi vida y mi esperanza están en Jesús, quien me abrió un ámbito de paz, de verdad y de gozo. Y para introducirme en él, Jesús llevó sobre sí mis pecados. Quiere estar conmigo en mis días oscuros. Me invita a dejar mi vida en sus manos. En cada momento él está dispuesto a escuchar mi clamor, a secar mis lágrimas y responder a mis suspiros.
¡Vaya a él! ¡No se desespere! Vaya tal como es, en el estado en el que se encuentra. ¡Jesús nunca deja fuera a aquel que llama a su puerta buscando socorro y amor!

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domingo, 31 de diciembre de 2017

¡ABBA, PADRE!

 
Dios envió a su Hijo... a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Gálatas 4:4-6
Amados, ahora somos hijos de Dios.
1 Juan 3:2
 
 
Una de las primeras palabras que un niño hebreo aprendía a pronunciar era «Abba». Son dos sílabas cortas que corresponden a nuestro «papá» en español. Papá, Abba, es un término de cariño, de intimidad, que significa: Padre. El apóstol Pablo, si bien escribe en griego su epístola a los romanos, emplea la palabra Abba, cuando dice a los que habían recibido a Cristo como Salvador: “Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).
¡Cuán dulce es repetir la expresión: Padre! ¡Qué felicidad no ser más huérfano, tener un apoyo, un protector, una familia! Esta única palabra resume todas las bendiciones que Jesucristo trajo al mundo. Vino para darnos un Padre, ¡su Padre! “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado”, dijo a sus discípulos, y también a nosotros (Juan 15:9). Después de su resurrección, anunció a María Magdalena: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).
Nuestras desobediencias nos habían alejado de Dios, pero Jesús vino a acercarnos a él. No solo fuimos perdonados, sino que entre Dios y nosotros se estableció una relación de intimidad: Jesús puso nuestra mano en la mano del Padre. Es la felicidad y la seguridad para todos los que creen y aceptan este hecho maravilloso.
“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 30 de diciembre de 2017

DIOS LO ESTÁ ESPERANDO

 
El Señor... es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
2 Pedro 3:9
Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.
Isaías 55:3
 
 Lucas 15:11-24: Parábola del hijo pródigo
 
 
Desde lo más profundo de su miseria, después de haber reflexionado, el joven de la parábola decidió actuar, regresar a la casa de su padre y decirle: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Mediante este relato, Jesucristo nos enseña cómo ir a Dios. Nos dice que Dios está listo para recibirnos, que nos ama como un padre. “...He pecado... contra ti”, son las palabras que Dios espera del hombre. Efectivamente, ¡todos hemos pecado contra Dios! “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10).
¿Su pasado o su presente le agobia? ¿Se siente solo, desanimado, perdido? ¿Quizá piensa haber ido demasiado lejos en el pecado y la injusticia? ¿Ha vivido como si Dios no existiese, dándole la espalda? Todavía hoy, Dios le tiende sus brazos, y así como ese padre estaba esperando a su hijo indigno, le espera con un corazón lleno de bondad. ¡Su perdón es gratuito! Dios, en su misericordia, quiere otra vida para usted: ¡no tarde en ir a él! ¡Dios invita a cada persona a dar ese paso!

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viernes, 29 de diciembre de 2017

EL MUNDO, ¿UN ENEMIGO PARA EL HOMBRE?

 
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo... el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
1 Juan 2:15-17
Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.
1 Timoteo 1:15
 
 
La historia del mundo es de guerras y conflictos. En todos los tiempos ha habido hombres que desean dominar por todos los medios. Hoy en día, a pesar de las apariencias, esa determinación es la misma.
Se evoca la globalización como una necesidad que conduce a eliminar los problemas mayores de la humanidad. Se piensa en curar males y sufrimientos exaltando la solidaridad universal, mientras sigue manifestándose el afán de dominar, siempre dispuesto a hacer la guerra, a matar. Unas pocas decisiones humanas, por más loables que sean, ¿podrán cambiar la cara del mundo? Satanás es su jefe, y los hombres son sus ejecutantes inconscientes.
Ya en el principio de la humanidad, un hombre, Caín, irritado contra su hermano, lo mató porque éste, al obrar más sabiamente, había sido del agrado de Dios, y no él. Desde entonces el corazón humano no ha cambiado, y el mundo sigue siendo un vivero de violencia. Dios declara en su Palabra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor...” (Jeremías 17:9-10). Quizás usted piensa poder escapar de ese diagnóstico. A eso también Dios responde: “No hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23), pero no se detiene en estas declaraciones. Él es el Dios Salvador y da a todo ser humano una esperanza viva que no está ligada a este mundo, sino a su corazón de Padre: dio a su Hijo Jesucristo para liberarnos del dominio del mal.

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jueves, 28 de diciembre de 2017

PRESO DEL CUERPO, MAS NO DEL ALMA

 
El Señor miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte.
Salmo 102:19-20
Me ha enviado... a pregonar libertad a los cautivos... a poner en libertad a los oprimidos.
Lucas 4:18
Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
Juan 8:36
 
 
Esta fue la feliz expresión de un presidiario liberado de la terrible opresión del pecado, cuando decidió entregar su vida a Cristo. Esta persona extorsionaba desde la misma cárcel, con severas amenazas de muerte a una cristiana. Ella, sin dejarse intimidar por las amenazas, le presentó a Jesucristo, su Salvador personal. Este hombre creía que no alcanzaría el perdón de Dios debido a la multitud de sus graves hechos. La cristiana le replicó: –Eso es lo que te dice tu jefe, Satanás, ya vencido por el mío, Jesucristo, quien te ofrece el perdón de todos tus pecados, si decides recibirlo como tu Salvador. Acepta a Cristo y serás salvo de la condenación eterna (Hechos 16:31).
Después de esta conversación, las amenazas y la extorsión se acabaron. El Espíritu Santo empezó su trabajo (Juan 16:8). Redarguyó ese duro corazón. Y lo maravilloso fue que una noche, a altas horas, la cristiana recibió en su teléfono móvil un mensaje de texto que decía: «Preso del cuerpo, mas no del alma». ¡Qué felicidad para ambos!
Todavía hoy el Evangelio se anuncia por todo el mundo para el perdón de pecados. Así lo ordenó el Señor Jesucristo: “Que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).

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miércoles, 27 de diciembre de 2017

EL GRAN MODELO

 
Cristo Jesús... se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres... se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Filipenses 2:5-8
 
 
¿Cuál es el remedio divino para la envidia, el orgullo, el egoísmo y, en una palabra, el «yo» bajo todas sus formas detestables? El texto de la Biblia citado hoy nos da la respuesta: seguir las pisadas de Jesucristo, el Hijo de Dios. En Jesús, Dios vino a vivir entre los hombres. Vino en forma de hombre, pero fue un hombre perfecto en cuanto a su abnegación, humildad y obediencia a la voluntad divina: “Se despojó a sí mismo”.
Sin embargo era aquel que dominaba todo el universo. La majestad divina le pertenecía. Por medio de él todas las cosas habían sido creadas y subsistían. Así fue el Dios que vino al mundo tomando la forma de un hombre pobre, de un siervo. Los zorros tienen guaridas y los pájaros nidos, pero él, su Creador, no tuvo casa, ni un lugar “dónde recostar su cabeza” (Lucas 9:58).
No dejó de buscar el bien de los hombres, trabajó por ellos, lloró con ellos y les enseñó. No hizo nada para su beneficio personal. Toda su vida fue un total renunciamiento. Se humilló hasta tomar el último lugar entre los hombres, y murió “por nuestros pecados”, cumpliendo así las Escrituras que daban testimonio por adelantado de él mismo (Lucas 24:27). Fue despreciado, humillado hasta el final, pero siempre hizo la voluntad de su Dios.
Leamos los evangelios para verlo vivir, escucharlo hablar y recibirlo como Salvador. Solo entonces podremos seguirlo y ser transformados a su semejanza (2 Corintios 3:18).

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martes, 26 de diciembre de 2017

¿QUÉ REPRESENTA LA NAVIDAD?

 
Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.
1 Timoteo 1:15
Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.
Lucas 2:11
 
 
En el siglo 4, el emperador romano Constantino se convirtió en un gran protector del cristianismo. Desde entonces, los poderes políticos y religiosos trataron de cristianizar las fiestas paganas. Por ello el nacimiento de Jesús fue celebrado el día de la fiesta del solsticio de invierno, fijada en aquella época el 25 de diciembre. Esta celebración y esta fecha no tienen ningún fundamento bíblico.
Pero la persona de Jesús evidentemente es muy amada por cada cristiano. Más de siete siglos antes de su nacimiento, el profeta Isaías había anunciado: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)” (Isaías 7:14). Y de ese niño, que fue acostado en un pesebre cuando nació, también dice: “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable... Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).
El día de Navidad debería recordar la noticia de gran gozo anunciada a los pastores de Belén: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (vea Lucas 2:8-20). Que Dios nos conceda recibir este maravilloso mensaje: Dios vino a vivir entre los hombres. Jesús, el divino Salvador, en su humillación descendió a la tierra como un niño. Su vida perfecta, su muerte en una cruz por nosotros, y su resurrección, ¡todo esto debería ser un tema de paz, de gozo, de esperanza y de adoración, pero no un día, sino todos los días del año!
“¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

lunes, 25 de diciembre de 2017

ACOSTADO EN UN PESEBRE

 
Dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región... El ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy... un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
Lucas 2:7-12
 
 
Para muchas personas, la palabra “pesebre” evoca la Navidad. El pesebre es una especie de cajón donde los animales comen. Allí fue donde acostaron al niño Jesús cuando nació, pues no había lugar para él en el mesón (albergue para viajeros con sus animales). Un pesebre es un lugar muy insólito para acostar a un recién nacido. ¡Qué acogida para el Salvador del mundo cuando llegó a la tierra para acercarse a la humanidad!
Así dice la Biblia: “Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Desde su nacimiento fue rechazado por los hombres. Toda su vida fue el blanco de la hostilidad de aquellos a quienes amaba y venía a salvar. Al final, para deshacerse de Jesús, los hombres lo clavaron en una cruz, pero Dios lo resucitó y lo llevó al cielo.
Hecho extraordinario: a los seres humanos que lo recibieron tan mal, Jesús ofrece un lugar junto a él en su cielo. A pesar de la manera en que fue tratado, Jesús declara: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). No lo acogimos en la tierra, ¡pero él nos abre su cielo!
“El ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús” (Lucas 1:30-31).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 24 de diciembre de 2017

ARTÍFICES DE PAZ

 
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 5:1
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Mateo 5:9
 
 
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz...!” (Lucas 2:14). Ese fue el cántico que los ángeles entonaron cuando Jesús nació. Pero el Príncipe de la paz fue rechazado, ¡y la humanidad sigue esperando esta paz! En nuestro entorno, la enemistad entre los hombres se manifiesta diariamente: disputas entre vecinos, entre esposos, entre herederos, entre compañeros... ¡Y cuántos conflictos económicos, guerras civiles, guerras entre naciones, entre etnias, entre religiones...!
Si nos sentimos desarmados ante los grandes problemas políticos, nos gustaría al menos establecer un clima de paz entre los que nos rodean. Pero, ¿cómo estar en paz con mis familiares y amigos si estoy lleno de tensiones interiores? Y finalmente, ¿cómo estar en paz conmigo mismo, si no estoy en paz con Dios?
Pues bien, hoy Dios nos ofrece esta paz. Fue rechazada por el mundo en general cuando Jesús vino a la tierra, pero ahora está a disposición de todo el que lo recibe en su corazón. El Señor nos invita a cada uno de nosotros a ir a él tal como somos, con nuestros pecados, nuestros conflictos, nuestras amarguras, para recibir la paz con Dios. Solo entonces podremos ser una fuente de paz entre los hombres. Reflejando a Cristo, a través de una humilde búsqueda de su voluntad, seremos verdaderamente artífices de paz.
Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

jueves, 21 de diciembre de 2017

DIOS ES FIEL

 
Bienaventurado el varón que... ni en silla de escarnecedores se ha sentado.
Salmo 1:1
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
Gálatas 6:7
 
 
Erino Dapozzo (1907-1974) era un cristiano convencido. Trabajaba como obrero en una construcción. Debido a su fe, era el blanco de muchas burlas por parte de sus compañeros. Su patrón, sobre todo, no tenía ningún respeto hacia Dios, y no perdía una ocasión para afirmarlo. Un día muy frío llegó en una camioneta a recoger a sus obreros. Todos se dieron prisa a tomar un lugar en la cabina, pero faltaba un lugar... El jefe señaló el volquete a Dapozzo y dijo, burlándose: «¡Tu Dios te calentará!».
Nuestro amigo se sentó en el lugar asignado, y el vehículo arrancó. El trayecto iba a durar más de media hora, Dapozzo temblaba de frío bajo la mirada burlona de sus compañeros, quienes pensaban: «¿De qué le sirve su fe? Nosotros, al menos, estamos protegidos, podemos calentarnos».
Pero al cabo de un rato, la camioneta llegó al borde de un río y tuvo que tomar un puente provisional. El chófer hizo una falsa maniobra, la camioneta resbaló, chocó contra el parapeto y cayó al agua... Los obreros no tuvieron tiempo para salir de la cabina, todos murieron. Dapozzo, lanzado bruscamente al río, nadó con todas sus fuerzas para alcanzar la orilla. Cuando llegó a tierra, ¡pudo calentarse! Fue el único sobreviviente.
Amigos cristianos, no temamos levantar nuestra bandera. Incluso si a primera vista parece que la fe pierde la batalla, Dios siempre tendrá la última palabra. Él prepara la liberación para los que depositan su confianza en él. ¡Es un Dios fiel!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

miércoles, 20 de diciembre de 2017

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

 
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
Mateo 6:11-13
 
 
Las prioridades están claras: primero el honor y los intereses de Dios, luego nuestras necesidades: dánoslo... perdónanos... líbranos. Dependemos de Dios para todo. No es en primer lugar por nuestras propias fuerzas que obtenemos el alimento necesario, sino porque Dios actúa. ¡Y lo hace ya con el simple hecho de darnos la vida cada instante!
Si nuestro cuerpo necesita alimento, nuestra alma también. Para el alma, el pan es la Palabra de Dios. Además de nutrirse, nuestra alma necesita ser perdonada. Dios perdona nuestras deudas, pero no podemos pedir a Dios su perdón sin perdonar, al mismo tiempo, a aquellos que nos ofendieron.
“No nos metas en tentación”. A menudo en nuestras oraciones olvidamos esta última petición, sin embargo es muy importante. Ser guardados de la tentación es ser preservados de todo aquello que nos hace salir del camino que Dios quiere para nosotros. Pero a veces Dios permite la prueba para fortalecer nuestra fe. También añadimos a nuestra oración: “Líbranos del mal”. Esta petición brota del corazón con los acentos de una fe victoriosa, pues pedimos un beneficio ya ganado por la victoria de Jesús. ¡Fue una victoria sobre el mal, el tentador y el mundo! Incluso si todavía hemos de pasar por el sufrimiento, la enfermedad, y si a veces cedemos ante el pecado, estamos seguros de que el mal no tendrá la última palabra. ¡Jesús lo venció!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

martes, 19 de diciembre de 2017

NUESTRAS OFRENDAS: ¿CUÁNTO O CÓMO?

 
De hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
Hebreos 13:16
Al Señor presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.
Proverbios 19:17
Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.
Marcos 12:41-42
 
 Marcos 12:41-44
 
 
Jesús estaba sentado cerca del arca de la ofrenda, es decir, del lugar donde cada uno dejaba su ofrenda. Con su mirada penetrante que escruta todo y a todos, observaba no cuánto, sino cómo daba cada uno. Una viuda pobre se acercó y echó dos monedas, todo lo que le quedaba para su sustento.
Entonces el Señor llamó a sus discípulos y les comentó lo que acababa de ver. ¡Ah, qué ofrenda tan especial! El hecho de que diese “todo lo que tenía” probó no solo el amor que sentía por Dios y su casa, sino también la total confianza que depositaba en Dios para que supliese sus necesidades (lea también 1 Reyes 17:7-16). Echando en el arca todo lo que tenía, solo dependía de él.
Lo que el Señor considera, no es tanto lo que cada uno da, sino más bien lo que cada uno guarda para sí mismo. ¡Qué consuelo para todos los que no pueden dar mucho! (2 Corintios 8:12). ¡Cuántas monedas tienen más valor para Dios que grandes fortunas, pues él está atento al verdadero valor de nuestras ofrendas!
Confiemos, pues, en Dios. Él sabrá recompensar más allá de toda medida, tal vez ya en este mundo y ciertamente en el cielo, los mínimos sacrificios que con fe y amor hagamos por él.

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sábado, 16 de diciembre de 2017

NO HAY EXCUSA

 
(Alguien preguntó a Jesús:) Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
Lucas 13:23-24
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.
Hechos 16:31
 
 
Una persona a la que estaba hablando del Evangelio me respondió: «Hay tantos hipócritas entre los cristianos que no quiero parecerme a ellos; prefiero seguir siendo lo que soy».
Esta no es la única persona que piensa así. Desgraciadamente, entre los que dicen ser cristianos hay muchos hipócritas. Pero este es un pretexto muy pobre para dejar de lado el Evangelio, ya que este trata temas de una importancia capital que no podemos eludir. ¿Realmente la hipocresía de algunos cristianos lo exime de afrontar los temas que trata el Evangelio? ¿Cree que estos no le conciernen? ¿Lo libera de su responsabilidad? ¡De ninguna manera!
El hecho mismo de que algunas personas quieran hacerse pasar por cristianos muestra el valor que atribuyen a una vida cristiana auténtica. Por ejemplo, nunca hemos visto una moneda falsa de muy poco valor. ¿Quién querría imitar una moneda así? Se imita lo que tiene valor, monedas de oro, billetes de banco. ¿Botaría usted todos sus billetes de veinte dólares so pretexto de que encontró uno falso?
Así, constatando que entre los cristianos hay hipócritas, usted se equivoca al concluir que la fe cristiana no es para usted. Si hay falsos cristianos, tiene que haber verdaderos. No ponga su mirada en los cristianos, sino en Cristo, quien nos dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

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