martes, 3 de mayo de 2011

¿CUAL SERA MI FUTURO?

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito Hijo de Dios.

Juan 3:18

(Léase Lucas 23:33-43)
Imaginemos por un momento esa memorable escena. Tres cruces están levantadas en una colina cercana a Jerusalén. A la izquierda y a la derecha están dos malhechores; y en el medio, alguien de quien el juez dijo: “Ningún delito hallo en este hombre” (Lucas 23:4). Su nombre, Jesús, figura en un letrero. El ángel había anunciado a María: “Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).
Llegó el momento de que él cumpliese la obra de salvación y soportase, en lugar de todos aquellos que creerían en él, el juicio de Dios contra el pecado. Uno de los malhechores se suma a la burla general injuriando a Jesús, pero el otro reconoce que Jesús no hizo ningún mal, y que ellos sufren el castigo que merecen. Éste último discierne en Jesús a aquel que debe reinar, y le ruega: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. La maravillosa promesa “hoy estarás conmigo en el paraíso” llega como respuesta inmediata a su fe.
Esta escena ilustra la condición humana. O uno se burla de Jesucristo, aunque sólo sea ignorando su bondad que nos “guía al arrepentimiento” (Romanos 2:4), o uno reconoce que él es el Hijo de Dios y deja en sus manos su futuro. No hay otra alternativa. “El que cree en el Hijo (de Dios) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). El futuro eterno de cada uno depende de la actitud que se tenga con respecto a Jesús.


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

lunes, 2 de mayo de 2011

UNA DECISION DE LA QUE UNO NO SE ARREPENTIRA JAMAS

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16



Estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

Filipenses 3:8

El Evangelio compromete a quien lo acepta. No se trata de una adhesión superficial a una idea, sino de un trabajo interior del corazón y de la conciencia. Algunas personas no quieren saber nada del Evangelio porque precisamente perciben que es un poder que transforma la vida de quien lo recibe. Se dan cuenta de que no pueden aceptarlo a la ligera.
Pero nunca he conocido a alguien que se arrepienta de haber aceptado a Jesús como su Salvador personal. El apóstol Pablo sufrió mucho a causa de su fe. Fue perseguido, golpeado y encarcelado, sin embargo en ningún momento echó de menos la vida que había vivido antes de su conversión. Su relación con Dios y la paz que llenaba su corazón hacían que no envidiase a nadie. Incluso en la cárcel escribió: “Para mí el vivir es Cristo”. “Regocijaos en el Señor siempre”. “La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 1:21; 4:4, 7).
Aún hoy el Evangelio es presentado a todos, no como si se tratase de un producto para probar, sino como un poder que libera y hace que la vida tenga sentido.
“Hasta alcanzar todas las riquezas de pleno conocimiento a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo” (Colosenses 2:2).


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 1 de mayo de 2011

6º MANDAMIENTO: RESPETA LA VIDA

No matarás.

Éxodo 20:13



El Señor mata, él da vida; El hace descender al Seol, y hace subir.

1 Samuel 2:6



En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios; él oyó mi voz desde su templo…
Me sacó de las muchas aguas.

2 Samuel 22:7, 17

El sexto mandamiento: “No matarás”, aborda un tema fundamental: la vida. El autor de la vida es Dios (Génesis 2:7). Sólo a él corresponde dar la vida o quitarla: “El Señor mata, y él da vida” (1 Samuel 2:6). Por ello Dios prohíbe al hombre poner fin a la vida, ya sea su propia vida o la de otro. Mediante este mandamiento condena el homicidio voluntario, es decir, el asesinato deliberado. Ahora bien, vivimos en un mundo violento en donde asesinatos y suicidios van en aumento.
El hombre moderno se arroga el derecho de señorear sobre la vida y la muerte. Acabar con la vida es cada vez más tentador para resolver los problemas humanos. Por medio del aborto se destruye el principio de una vida, una vida que alguien consideró indeseada. La eutanasia se propone para terminar, antes de su término natural, con sufrimientos y minusvalías difíciles de soportar. El suicidio es el homicidio de uno mismo, y tiene lugar cuando el individuo llega a preferir la muerte a la vida. Satanás, el padre de mentira y homicida desde el principio (Juan 8:44), hace creer que no hay otras soluciones a estas situaciones desesperantes.
Dios tiene exigencias, pero también ha reservado respuestas de misericordia y gracia insospechables para aquellos que confían en él.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)