lunes, 7 de enero de 2013

EL ABANDONO



Yo soy Dios, el Dios tuyo… Porque mío es el mundo y su plenitud.
Salmo 50:7, 12


Dame, hijo mío, tu corazón.
Proverbios 23:26

Cierto día un misionero estaba predicando en medio de una tribu indígena.  Hablaba de Jesús, el buen Pastor que vino al mundo para buscar y salvar lo que se había perdido.  También contaba cómo el Salvador oró en Getsemaní, cómo estuvo expuesto a las burlas, a los malos tratos, y cómo expió nuestros pecados en la cruz, abandonado por Dios.
Entonces un indígena de noble aspecto se acercó al misionero y le preguntó muy emocionado: – ¿Jesús también murió por mí, un nativo pobre? Verdad es que no tengo ninguna tierra para dar a Jesús, pero quiero darle mi perro y mi monedero.
El misionero le dijo que el Señor Jesús esperaba de él otra cosa.
–Entonces le doy mi perro, mi monedero y mi manta de lana.  Soy un hombre pobre y no puedo darle más.  Le doy todo lo que tengo.
El predicador le dio la misma respuesta.  Entonces el hombre bajó tristemente la cabeza y reflexionó.  De repente dirigió una mirada confiada al misionero y le dijo:
–Aquí está mi persona entera, ¿la acepta Jesús?
¡Qué alegría para el misionero cuando este hombre fue a los pies de Jesús y entregó su vida a Aquel que lo había amado y se había dado a sí mismo por él!
Jesús es digno de esta entrega total de nosotros mismos.  Todo cristiano debería complacerse diciendo a su Señor, como el apóstol Pablo: “Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 6 de enero de 2013

USTED TIENE QUE NACER DE NUEVO



El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Juan 3:3


A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
Juan 1:12

Una hora antes de nacer, ¿qué sabíamos del mundo? Si alguien nos hubiese explicado que tendríamos que respirar, que un día caminaríamos, que el mundo es mucho más vasto que el seno materno, y suponiendo que hubiésemos podido comprenderlo, ¿qué habríamos podido creer? Pues bien, entre nuestro mundo y el reino de Dios hay aún más diferencia que entre el seno materno y nuestra presencia en este mundo.
Y así como para venir al mundo tuvimos que nacer, necesitamos un nuevo nacimiento, un nacimiento de arriba, para entrar en el reino de Dios.  Quizás usted se pregunte, al igual que Nicodemo, a quien Jesús reveló esta necesidad de nacer de arriba: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (Juan 3:4).  Entonces escuche la respuesta de Jesús: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.  No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:6-7).
Este nuevo nacimiento es espiritual.  Se produce cuando creemos la Palabra de Dios, por la fe en Jesús y por la acción del Espíritu Santo en nosotros.  Por ello tenemos que leer los evangelios con una mente abierta y con humildad, rogando al Señor:
«Señor, quiero nacer de nuevo.  Señor, a ti entrego mi vida».  “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

viernes, 4 de enero de 2013

LAS RIQUEZAS DE JESUCRISTO



Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
2 Corintios 8:9


A mí… me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.
Efesios 3:8

Jesús nació en Belén en medio de unos sencillos pastores.  Como en el mesón no había lugar para sus padres ni para él, fue acostado en un pesebre.  Por ello Jesús es accesible a los más pobres, porque precisamente vino para enriquecer a tales personas.
Pero, ¿a qué riquezas nos referimos?
Jesús no tenía dinero (Lucas 20:24).  Algunas mujeres le daban de sus bienes para las necesidades cotidianas (Lucas 8:3).  Y para pagar el impuesto, mandó que un pez le trajese la suma necesaria (Mateo 17:27).  También alimentó a más de 5.000 personas con sólo cinco panes de cebada y dos peces (Juan 6:5-14).
De hecho, Jesús no vino a traer plata u oro, riquezas efímeras, sino la verdad, la cual pone al desnudo el estado moral del hombre; también vino a traer la gracia de un Dios que ama a sus criaturas.  Estas son las verdaderas riquezas que Jesús tiene reservadas para los que depositan su confianza en él.
Jesús manifestó en toda su conducta los mismos caracteres de Dios.  Nunca hizo algo para sí mismo.  Hacía el bien sin esperar nada a cambio.  Jesús manifestó su compasión a una viuda resucitándole a su hijo único (Lucas 7:13-15).  Lloró en Betania y llamó a Lázaro para que saliese de la tumba (Juan 11:35, 43).  Sólo él tenía el poder para decir a un hombre paralítico: “Tus pecados te son perdonados… Levántate y anda” (Lucas 5:20-23), es decir, para curar el alma y el cuerpo.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

jueves, 3 de enero de 2013

A PROPOSITO QUE RECIEN INICIO EL 2013



Ha comenzado un nuevo año y es tiempo para hacer un balance del año que pasó, pero también iniciar con todas las fuerzas este nuevo año que Dios nos da con la actitud del apóstol Pablo: "Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". Filipenses 3:13-14 (RVR60)
"Ustedes saben que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio.  Pues bien, corran ustedes de tal modo que reciban el premio.  Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño.  Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita." 1 Corintios 1:24-25 (Dios Habla Hoy).
"Dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante.  Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona." Hebreos 12:1-2 (DHH)
Hoy podemos decir: "Yo sé en quién he puesto mi confianza; y estoy seguro de que él tiene poder para guardar hasta aquel día lo que me ha encomendado." 2 Timoteo 1:12 (DHH).
Amigo, "Dios empezó el buen trabajo en ti, y estoy seguro de que lo irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo vuelva."  Filipenses 1:6 (Traducción Lenguaje Actual)
"El nombre del Señor es una torre poderosa a la que acuden los justos en busca de protección." Proverbios 18:10 (TLA)
"Dios es quien me salva; tengo confianza, no temo.  El Señor es mi refugio y mi fuerza, él es mi salvador."  Isaías 12:2 (TLA)
Así que disfruta lo que ya tienes, "porque Dios ha dicho: «Nunca te dejaré ni te abandonaré.»  Así que podemos decir con confianza: «El Señor es mi ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre?»" Hebreos 13:5-6 (TLA)

miércoles, 2 de enero de 2013

¡SOLO DOS MINUTOS!



(Jesús dijo:) ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mateo 6:25


Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.  Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia.
Mateo 6:32-33


La palabra de Dios es viva y eficaz.
Hebreos 4:12
Dos minutos es el tiempo promedio que empleamos para leer este mensaje.  Quizás usted acaba de recibir este calendario, el cual no es un calendario como los demás, porque no sólo indica el día y mes del año, sino que también ofrece una lectura diaria: un pasaje de la Biblia y una pequeña meditación.
«¿En verdad necesito esto? ¿No tengo suficiente con el trabajo, la familia y los contratiempos diarios, para que además deba añadir las preocupaciones espirituales? Lo dejaré para más tarde, cuando tenga tiempo…».  Si esta es su reacción, querido lector, estamos de acuerdo con usted que el aumento de las actividades de la vida actual deja poco tiempo para hacerse preguntas.  Pero, ¿acaso la vida se limita a lo material, a lo visible? Es imposible no hacerse preguntas sobre el sentido de la vida, sobre su origen: ¿Somos el fruto del azar? ¿Todo se acaba con la muerte?
Nos gustaría ofrecerle las respuestas que Dios da a esas preguntas existenciales en su Palabra, la Biblia.  Ese libro único, que deseamos presentarle en los siguientes días, nos pone en relación con nuestro Creador.  La Biblia nos revela que Dios tiene el mismo interés por cada uno de nosotros y, más que eso, el mismo amor, un amor incondicional e indefectible.
¿Quiere dedicar por lo menos dos minutos, y quizás algo más, a Aquel que le ama tanto, para permitirle venir a su encuentro?

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)