lunes, 9 de enero de 2017

¿A DÓNDE VAMOS?

 
¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz, y dónde está el lugar de las tinieblas?
Job 38:19
Yo (Jesús), la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
Juan 12:46
 
 
¡El tiempo se lo lleva todo! Las flores, los animales, los hombres, todos nacen, viven cierto tiempo y luego desaparecen sin excepción a esta regla. Pero, ¿a dónde van los hombres?, ¿al fondo de las tinieblas? Esta es una pregunta angustiosa que cada uno se hace: “Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?” (Job 14:10).
¡Dios no deja sin respuesta una pregunta tan importante como esta! La Biblia nos muestra sin ambigüedades las dos posibilidades que existen. Nos dice claramente que los que viven sin Dios y rehúsan creer lo que él dice, van efectiva y directamente hacia una terrible eternidad, simbolizada varias veces por la expresión: “las tinieblas de afuera” (Mateo 8:12; 22:13; 25:30). Todos los que no hayan creído al amor de Dios y aceptado su perdón mediante la fe en Jesucristo, serán condenados a una noche de tormentos sin fin, lejos de su presencia.
Sin embargo la Biblia también nos dice que Dios es un Dios Salvador. No desea la muerte del pecador, al contrario, quiere que este deje su mal camino y que viva (Ezequiel 18:23). La vida eterna que propone a todos es el paraíso celestial, un lugar de felicidad donde incluso la noción de noche habrá desaparecido (Apocalipsis 21:25).
Crea en el Señor Jesús y podrá decir, como Job, que “Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz” (Job 33:28).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 8 de enero de 2017

ACUÉRDATE DE MÍ

 
(Uno de los dos malhechores crucificados dijo al otro:) Recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lucas 23:41-43
 
 
Los dos malhechores que estaban crucificados al lado de Jesús empezaron a insultarle y lo desafiaron a salvarlos. Pero, de repente, uno de ellos cambió de actitud. Dirigió a Jesús unas sorprendentes palabras: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Discernió que ese hombre crucificado a su lado era rey y pidió su favor. Ese malhechor, que poco antes lo había insultado, le pedía perdón. ¿Qué méritos tenía para obtener la gracia real? ¿Una acción brillante, una obra meritoria? Al contrario, acababa de reconocer públicamente que merecía tal castigo, que estaba bajo el justo juicio de Dios. También acababa de proclamar la perfección de Jesús, quien estaba crucificado a su lado.
¿Qué llevó a ese hombre a recurrir a Jesús? Nada que hubiese en él, aparte de su propia desesperación y el sentimiento de la inmensa gracia de Jesús. Sus palabras fueron movidas por la fe que, en Jesús, encontró al Salvador. Y esta fe obtuvo una respuesta que sobrepasa toda esperanza: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¡Un malhechor en el paraíso, en compañía del Hijo de Dios! En efecto, en un momento, la sangre de Jesús se derramaría por este hombre y lo limpiaría de todo pecado. Este sacrificio lo haría perfectamente digno de ocupar el sitio que estaba preparado para él en ese glorioso lugar.
¿Hay algo que pueda probar más claramente que somos salvos por gracia, y no por obras? Querido lector, sea quien sea y tal como es, no dude más en pedir la gracia de Jesús.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 7 de enero de 2017

¿DÓNDE ESTÁS?

 
El Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
Génesis 3:9-10
Huía de la presencia del Señor
Jonás 1:10
 
 
Esta es la primera pregunta que Dios hace en la Biblia, y se dirige al primer hombre que, después de haberle desobedecido, se escondió y huyó de la presencia divina. Esta misma actitud continúa manifestándose hoy. Muchas personas se sienten incómodas con Dios, por eso huyen. Sin embargo, así como Dios trató de ponerse en contacto con Adán, también trata de hacerlo con cada uno de nosotros ahora.
¿Dónde estás? Esta pregunta no se refiere a nuestra posición geográfica, sino al estado de nuestro corazón. ¿Cuál es nuestra reacción al llamado de Dios? Podemos huir o encerrarnos en el ateísmo, escondernos en el materialismo de la sociedad de consumo, escudarnos detrás de razonamientos que parecen sensatos, ser indiferentes a lo espiritual...
Tratar de escapar de Dios no resuelve nada. Un día cada uno de nosotros comparecerá ante él y tendrá que dar cuenta de las decisiones que haya tomado durante su vida.
Hoy Dios desea tener un encuentro con nosotros tal como somos. Dejémonos iluminar por su luz, no le escondamos nada. Confesémosle nuestra incapacidad y nuestros pecados. No solo recibiremos un pleno perdón, sino también su gracia, que está basada en el sacrificio de su Hijo. Así es como uno se convierte en hijo de Dios; y entonces, en vez de escondernos, le hablamos como a un Padre.
“Vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él (de Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:17-18).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

jueves, 5 de enero de 2017

NO SEAS INCRÉDULO, SINO CREYENTE



(Jesús) dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Juan 20:27

(Lea Juan 20:24-31)


“Acerca tu mano, y métela en mi costado” (Juan 20:27). ¿Qué significa esta frase de Jesús dirigida a su discípulo Tomás? Este no creía que Jesús había resucitado, por ello Jesús le habló y le mostró que él era efectivamente el que había sido crucificado, y a quien el soldado romano había herido un costado con su lanza.
Jesús se dirige a nosotros de la misma manera, sobre todo cuando somos víctimas de la duda. No está lejos de nosotros; espera que nos acerquemos a él de manera personal y espontánea, con confianza y ternura, para hablar de corazón a corazón.
¡Acordémonos de Jesús, de su santa humanidad, de su humillación, de su vida de sufrimiento, de su muerte y también del día en que resucitó! Echemos de nuestro corazón la incredulidad al recordar las heridas de nuestro Salvador, las marcas de la crucifixión.
Efectivamente, fue Jesús, el hombre perfecto, el que murió y resucitó, quien se presentó a Tomás. Su gloriosa resurrección daba testimonio de que él era Dios; Tomás no debía ser incrédulo, sino creyente. Él respondió mediante una exclamación: “¡Señor mío, y Dios mío!”, exclamación de gozo y adoración muy personal. No dice «Señor Dios», sino “¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:28-29).
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (la Biblia)” (Romanos 10:17).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

miércoles, 4 de enero de 2017

¡VENGA TAL COMO ES!

 
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos... ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley del Señor está su delicia... Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.
Salmo 1:1-3
 
 
El año que acaba de pasar nos trajo su lote de inquietudes. ¿Qué pasará en el 2017?
El texto de la Biblia arriba indicado nos enseña que podemos encontrar la verdadera felicidad incluso en un mundo donde todo va mal. Cada uno está invitado a depositar su confianza en el gran Dios revelado en la persona de Jesucristo. ¡Solo hay que responder a la invitación! Dios nos recibirá sin hacernos reproches. Su deseo es que conozcamos su paz, su felicidad, y acompañarnos cada día.
Jóvenes, ¡no tarden más! No esperen haber hecho su vida para tomar una decisión. Y usted que es mayor, ¡aún no es demasiado tarde! Incluso si lamenta mucho haber hecho tal o cual cosa, Dios perdona y quiere recibirlo tal como es. Dio a su Hijo para concederle ese perdón. Adultos en pleno vigor, ¡dejen sus ambiciones materiales! Confíen su vida a aquel que solo desea su bien. Tímidos, ¡atrévanse a acercarse a Dios! Él es bondadoso y bueno. Prisioneros, ¡hay perdón en Dios! Confíen en su gracia perfecta; ¡él quiere darles una vida nueva! Lentos, ¡apresúrense a dar el paso hacia Aquel que les está esperando! Solitarios, ¡vayan a Jesús! Experimentarán toda la realidad de su presencia.
Todos estamos más o menos heridos por la vida. Hablemos de nuestro sufrimiento a Jesús, el médico divino, y confiemos en él. Bebamos de la fuente inagotable de la Palabra de Dios.
“El que tiene sed, venga; y... tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

martes, 3 de enero de 2017

¿EN QUÉ DIOS CREE?

 
Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
1 Juan 1:5
Dios es amor.
1 Juan 4:8
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
1 Juan 4:10
 
 
Alguien le preguntó a Albert Einstein (físico de fama mundial) si creía en Dios, y este respondió: «Dígame primero a qué llama Dios».
Esta pregunta es importante: ¿En qué Dios cree? ¿O en qué Dios no cree?
A menudo nos hacemos una falsa idea de Dios. Algunos lo imaginan como un juez implacable, y esto no los lleva a buscarlo, al contrario, huyen de él. Otros tienen más bien la idea de un «buen Dios» que tolera todo, y esto les basta.
¡Pero Dios no es ni lo uno ni lo otro! Él tiene dos atributos principales: amor y luz. Es luz porque ve todo. No solo nuestras acciones, sino también los motivos y las intenciones de nuestro corazón. Es amor porque desea el bien de sus criaturas.
Para darse a conocer, Dios vino a la tierra en la persona de su Hijo, Jesucristo. Al hacer milagros (resucitó muertos, ordenó al viento calmarse...) dejó ver de forma clara su origen divino y su amor por los hombres que había venido a buscar. “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). Mostró a sus interlocutores que sabía todo sobre ellos, así trató de despertar su conciencia para que se arrepintiesen y creyesen en él. Pero sobre todo aceptó morir en nuestro lugar, “el justo por los injustos”, y soportó así el justo juicio de Dios que merecíamos como pecadores.
Nosotros creemos en ese único Dios vivo y verdadero, y le invitamos a creer también en él.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 1 de enero de 2017

¡FELIZ AÑO NUEVO!

 
 
Dios nuestro Salvador... quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
1 Timoteo 2:3-4
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16
 
 
Al empezar un nuevo año escuchamos esta expresión por todas partes: en los pasillos de las empresas, en la calle, en el mercado... ¡Todavía no hay nada escrito en la página blanca del año que acaba de empezar! ¡Todos esperamos mucho de él!
«¡Feliz año y, sobre todo, salud!». Efectivamente, la salud es algo que nos concierne a todos de forma muy personal. Nos preocupa el caso de uno u otro de nuestros conocidos que tiene una enfermedad incurable. ¡Sí, sobre todo la salud, pues pone en juego nuestra vida!
Pero, ¿no hay algo más importante para nuestra vida? Dios nos ofrece todavía un año, o al menos una parte del año para que nos pongamos en contacto con él. ¿Sabe que él también le desea lo mejor para este nuevo año? Él desea que cada uno de nosotros lo conozca. Envió a su Hijo Jesucristo a la tierra para abrir un camino hacia él, para establecer una verdadera relación con los hombres. Conocer a Dios es poder llamarlo Padre. Dios desea para usted el perdón, la paz, la felicidad, la libertad...
¡Y nosotros le deseamos lo mismo! Le deseamos un año marcado por una relación con el Dios que le ama, que le busca y que quiere salvarlo. ¡Entonces sí que tendrá un buen año!
“Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gálatas 1:3-4).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)