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domingo, 12 de mayo de 2013

ALGUIEN QUE MOLESTA



Nosotros predicamos a Cristo crucificado… Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.
1 Corintios 1:23-24


(Jesús dijo:) Yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.
Apocalipsis 1:17-18
Un predicador cristiano, cuyo lenguaje era severo y penetrante, decía: «Hemos predicado a un Cristo vacío e insípido. Hemos anunciado un Evangelio endulzado y hemos incitado a los jóvenes a dudar de las Santas Escrituras, quitándoles su autoridad; por eso muchos de ellos preguntan cuál es la razón de ser del cristianismo.
»Dios ya no es el Dios de la Biblia, sino un Dios nacido de nuestra imaginación. Despojamos a Cristo de su divinidad, y lo sobrenatural fue eliminado de nuestra fe. Incluso los adversarios de la fe no emiten ninguna objeción a un cristianismo así. Están satisfechos si sólo tenemos a un Cristo social. Tampoco se oponen a un Cristo clavado en la cruz; de hecho, es ahí donde quisieran dejarlo, es decir, prefieren a un Cristo moribundo, derramando su sangre y clavado, que a un Cristo vivo y resucitado.
»Pero fue un Cristo resucitado quien envió a los discípulos con un mensaje totalmente nuevo. Predicaron a un Cristo vivo. Esto es lo que deberíamos anunciar, no solamente en Pascua, sino cada día del año: el Cristo resucitado quiere venir hoy a nuestros corazones. ¡Pero cuidado, él quiere cambiar radicalmente nuestras vidas! Desgraciadamente rechazamos a ese Cristo porque nos molesta; dudamos seguirle en este siglo materialista, profano, ansioso de placeres y lleno de prejuicios».
“Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre…” (Colosenses 1:27-28).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

jueves, 24 de enero de 2013

ALGUIEN LE ESTA ESCUCHANDO...



Así ha dicho el Señor, que hizo la tierra… Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
Jeremías 33:3


Invoqué en mi angustia al Señor, y él me oyó.
Jonás 2:2
¿Se encuentra solo? ¿Solo en medio de una multitud, solo en una pequeña habitación, en una celda o quizás en un hospital? ¿Solo ante los hombres, ante su mirada y ante sus preguntas? Solo ante Dios.  Si esta soledad, terrible y desesperante, es la suya, permítanos decirle que hay alguien que lo escucha, lo comprende y desea ayudarle.  Alguien que animó a un detenido, el apóstol Pablo, quien reconoció: “Todos me desampararon… Pero el Señor estuvo a mi lado” (2 Timoteo 4:16-17).  Alguien que hace cantar de felicidad a los hombres, incluso en una cárcel (Hechos 16:25).  Ese Alguien es Jesucristo, el Hijo de Dios.
¿Sabía usted que Jesús, el único justo en la tierra, fue condenado a muerte por esos hombres a quienes sólo había hecho el bien?
Dios permitió esta injusticia porque Jesús había venido a la tierra para dar su vida a fin de salvar a los hombres culpables ante Dios.
Que usted sea religioso o no, cualquiera sea su educación, su cultura, su pasado, Jesucristo quiere cambiar su vida ahora.  Quiere ser su Salvador y luego su Amigo de todos los días, pase lo que pase.
A partir de hoy háblele sobre todo lo que le aflige: su soledad, su sufrimiento, sus dudas, su vergüenza, su rebeldía, el mal que hizo… Jesucristo mismo le responderá.  Puede ser que no haga todo lo que usted quiera, pero le dará mucho más de lo que espera.
“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)