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viernes, 12 de julio de 2013

EL AMOR SE GOZA DE LA VERDAD



El amor… no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
1 Corintios 13:4-6


No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.
3 Juan 4

¿De qué hablamos cuando nos encontramos con un amigo? Nuestras palabras reflejan nuestros pensamientos y nuestros pensamientos se vuelven hacia lo que nos interesa y lo que nos preocupa. Quizás, a veces hallamos cierta satisfacción en criticar a tal o cual o a quejarnos de él. Podemos estar seguros de que cada vez que obramos así, no es el amor el que nos anima. Detengámonos y volvamos al Señor, confesándole esas tendencias, esos resbalones.
De hecho, el amor siempre se goza de la verdad, nunca de lo que es falso. Propagar rumores, hablar mal de los demás nunca es el resultado del amor. No se trata de cerrar los ojos sobre la falsedad y la injusticia, sino de concentrarse, tanto como fuera posible, en la verdad y la justicia. Es necesario buscar el bien, esperar el bien e insistir en el bien. Gozarse con los que enseñan el bien y viven en la verdad, ¡esto es amor!
El amor anda de común acuerdo con la compasión y la comprensión del otro, sin hacer nunca un pacto con la hipocresía, la mentira y la injusticia. No se puede separar el amor, la verdad, y la justicia. Cuando se debilita uno, se debilita los demás.
Amar a su hermano conduce a tomar resueltamente posición por la verdad y por el bien. En nuestra época, en que, so capa de tolerancia, a menudo prevalece la indiferencia, recordemos que el amor nunca se resigna a mentir. Cuanto más amamos a una persona, más desearemos que ella sea liberada del error.
Porque el error siempre esclaviza.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 22 de junio de 2013

EL AMOR DE DIOS COMO PADRE



Cuántas veces hemos leído y escuchado la historia del hijo pródigo, aquel que desperdició su herencia viviendo como a él le parecía. Sin embargo dice la biblia que recapacitó, y "entonces regresó a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre corrió hacia él lleno de amor, y lo recibió con abrazos y besos". Lucas 15:20 (TLA)

Hoy me gustaría recordarte que tienes un Padre lleno de amor el que ya olvidó tu pasado y que está lleno de amor esperando por ti con un gran abrazo.

Mira cómo describía el salmista a su Padre Dios:
"Mi Dios es muy tierno y bondadoso; no se enoja fácilmente, y es muy grande su amor.

No nos reprende todo el tiempo ni nos guarda rencor para siempre.

No nos castigó como merecían nuestros pecados y maldades.

Su amor por quienes lo honran es tan grande e inmenso como grande es el universo.

Apartó de nosotros los pecados que cometimos del mismo modo que apartó los extremos de la tierra.

Con quienes lo honran, Dios es tan tierno como un padre con sus hijos." Salmos 105:8-13 (TLA)

Recuerda que "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios. Por este Espíritu nos dirigimos a Dios, diciendo: << ¡Abbá! ¡Padre!>> Y este mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que ya somos hijos de Dios. Y puesto que somos sus hijos, también tendremos parte en la herencia que Dios nos ha prometido, la cual compartiremos con Cristo, puesto que sufrimos con él para estar también con él en su gloria". Romanos 8:14-17 (Dios Habla Hoy)

Ahora tú, estimado amigo, "que estabas lejos de Dios, ya has sido acercado a él, pues estás unido a Jesucristo por medio de su muerte en la cruz. Por eso, ante Dios tú ya no eres extranjero. Al contrario, ahora formas parte de su pueblo y tienes todos los derechos; ahora perteneces a la familia de Dios". Efesios 2:13,19 (TLA)
“Dios nos dio muestras de su amor al enviar al mundo a Jesús, su único Hijo, para que por medio de él todos nosotros tengamos vida eterna. El verdadero amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo, para que nosotros fuéramos perdonados por medio de su sacrificio". 1 Juan 4:9-10 (TLA)


viernes, 7 de junio de 2013

CREER EN EL AMOR DE DIOS



De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16


Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor.
1 Juan 4:16
El misterio más grande de la vida es la vida misma. ¿Qué es la vida? Tan frágil y sin embargo tan preciosa… ¿Qué es la vida comparada con la existencia de todo el Universo, ese cosmos alucinante en medio del cual nuestro sol no es más que polvo?
De todo lo que conocemos sólo hay una cosa que está al mismo nivel de ese misterio: el amor. Entre el misterio de la vida y el amor hay vínculos profundos, un parentesco secreto. Pero el amor nos llega de Aquel que es la fuente de la vida, el Creador del Universo, es decir, de Dios.
Si queremos vivir en el sentido más profundo de la palabra, nos es necesario conocer a Dios, es decir, estar en relación con él, porque Dios es amor. Su amor no es algo abstracto sino algo personal, una voluntad de querer hacer el bien, fuerte y creadora, para cada uno de nosotros. Su amor vino a nosotros en la persona de Jesucristo. Él no permaneció distante, sino que se acercó a los hombres. No fue pasivo, sino que actuó y se entregó a sí mismo. Incluso si Jesús fue incomprendido, rechazado y entregado a muerte, su amor venció, pues Jesús dio su vida para llevarnos a Dios. Ahora cada uno debe recibirlo con agradecimiento. Fe es creer en el amor de Dios, y el que cree recibe la vida eterna.
“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

miércoles, 1 de mayo de 2013

DIOS ES AMOR



Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:38-39
Cuando los techadores acabaron su trabajo en la granja de un creyente, éste les pidió que colocasen en el remate del techo una veleta, en la que estaba grabado el versículo: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Entonces un obrero le preguntó si eso significaba que el amor de Dios era tan variable y caprichoso como el viento. El agricultor le respondió: «¡No, todo al contrario! Es para recordar que en toda circunstancia, cuando la suave brisa de verano me refresca o cuando el viento de invierno sopla en la tormenta, siempre es el amor de Dios que me lo envía».
La opinión del techador está muy extendida. Son numerosos los que dicen creer en la bondad de Dios cuando las circunstancias son favorables, pero en cuanto éstas cambian, no quieren oír hablar más de un Dios de amor. A veces incluso lo maldicen abiertamente, como la mujer de Job le incitaba a hacerlo (Job 2:9). Si usted forma parte de esas personas, es porque no conoce a Dios tal como él es. Él dio la mayor prueba de amor al dar “a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
El apóstol Pablo, autor de los versículos citados en el encabezamiento, hablaba con conocimiento de causa. Había pasado por pruebas especialmente duras (2 Corintios 11:23-27), pero nunca puso en duda el amor de Dios. Al igual que él, cada hijo de Dios puede decir y experimentar en todo tiempo que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)