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jueves, 2 de febrero de 2012

MENTE RENOVADA, BENDICION ASEGURADA

Ritchie Pugliese

La manera de pensar de una persona es la clave para que ella alcance en la vida, el éxito o el fracaso, plenitud o frustración. La manera de pensar está determinada por las ideas, la ideología, conceptos y estructuras que recibimos de nuestra propia idiosincrasia y cultura, sea buena o mala.

La Biblia habla sobre la mente y enseña que el ser humano está constituido por lo que piensa. Proverbios 23:7 dice “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Cada pensamiento que viene a nuestra mente desarrolla una imagen que da lugar a una creencia, a un sentimiento y a una acción.

La ciencia ha comprobado que lo que domine nuestra mente dominará nuestros pensamientos, y lo que domine nuestros pensamientos dominará toda nuestra vida. La psicosomatología estudia la relación que existe entre el cuerpo y la mente y la influencia que ésta ejerce sobre el cuerpo.

Está comprobado científicamente que una mente enferma puede crear un cuerpo enfermo. De allí sale el dicho “mente sana, cuerpo sano”.

Más allá de lo que diga la ciencia esta lo que dice el Dios Todopoderoso, el cual creó al ser humano como una unidad pneumo-sico-somática (espíritu-mente y cuerpo) y estipuló que lo espiritual gobierne y afecte a todo lo demás. Si la parte espiritual está enferma, todo lo demás se resentirá.

Debido a que el ser humano vive lejos de Dios y en el pecado, su forma de pensamiento se ha desfigurado del ideal de Dios y no puede pensar lo que Dios quiere que piense. Por eso necesitamos como Pueblo de Dios aprender a renovar la mente bajo el poder del Espíritu Santo y la autoridad de la Palabra del Señor para poder pensar como Dios quiere, pues si tenemos una mente renovada tendremos bendición asegurada.

Existen 8 formas básicas de pensamiento que debemos aprender a desechar de nuestras vidas si anhelamos tener una mente renovada:

1. La mentalidad del fracasado: Es aquel que piensa que nunca nada le saldrá bien en la vida.

2. La mentalidad del frustrado: Es aquel que falló en algo y a partir de ese momento cree que todo será igual.

3. La mentalidad del negativo: Es aquel que llena su mente de pensamientos destructivos y derrota. No puede ver nada positivo.

4. La mentalidad del pesimista: Es aquel que es superado fácilmente por los problemas y adversidades de la vida.

5. La mentalidad del débil: Es aquel que no tiene fuerza de carácter y es vulnerable a cualquier otra forma de pensamiento. Sigue lo que dice la mayoría.

6. La mentalidad del Acomplejado: Es aquel que en el pasado recibió la burla y el menosprecio de los demás y ha quedado “marcado” para toda la vida. Se cree inferior a todos.

7. La mentalidad del Atormentado: Es aquel que inventa imágenes de situaciones trágicas o de desgracia continua.

8. La mentalidad del temeroso: Es aquel que le tiene miedo a todo, hasta a su misma sombra.

Debemos reconocer que aún nosotros los cristianos muchas veces vivimos con esas formas de pensamientos recién mencionados. Otros viven permanentemente asediados por estos pensamientos destructivos y viven muy por debajo de todo lo hermoso que el Señor ha diseñado para ellos.

Todas estas formas de pensamiento por cierto son mentirosas y contrarias a lo que dice la Palabra de Dios y en la medida que las aceptemos como válidas, destruirán nuestras vidas y todo lo que nos rodea. La solución a todo esto no es solamente tener pensamientos positivos o poder mental. Eso está en completo desacuerdo con las Sagradas Escrituras. La solución verdadera la encontramos en la Palabra de Dios y ella nos dice que debemos aprender a renovar la mente haciendo dos cosas: 1) Extirpar de nuestra mente aquellos pensamientos que no coinciden con la Palabra de Dios y 2) Adaptar a nuestra forma de pensar la manera de pensar del Señor.

Romanos 12:2 dice algo referido a esto: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.


La única manera de cambiar nuestra manera de pensar es haciendo caso a la Palabra de Dios. Ella nos dice en este pasaje que debemos renovar nuestra manera de pensar pues haciendo eso podremos comprender la voluntad de Dios para nuestras vidas, que es buena, agradable y perfecta.


La mente renovada es aquella que esta únicamente abierta a los pensamientos de Dios y no da lugar a los pensamientos contrarios a la Palabra de Dios. ¿Cuáles son los pensamientos de Dios? Sus gloriosas promesas, registradas en su Palabra. La Biblia es la expresión de los pensamientos de Dios.


Lamentablemente muchos cristianos viven atormentados por pensamientos mentirosos del diablo y nunca han aprendido a extirparlos y a cambiar su manera de pensar. La propuesta de Dios en cambio es darnos paz mental para que vivamos en victoria continua. Isaías 26:3 dice “tu guardarás en completa paz aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado”.


Cuando nuestros pensamientos perseveran en el Señor experimentamos completa paz. Note que dice “en ti persevera”. No es cuestión de pensar unos minutos sino mantenerse constantemente pensando en las promesas de la Palabra de Dios. Cuando aprendemos hacer esto, el enemigo ya no puede torturarnos ni engañarnos y se retira vencido.


Debemos ejercitarnos en no llevar nosotros nuestras propias cargas sino descargarnos en oración ante el Señor. Cuando hacemos esto algo sucede posteriormente, como lo afirma Filipenses 4:6-8 “la paz de Dios guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos... por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre. Si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Aquí encontramos recopilado todo lo que sí debemos pensar para mantener la paz mental y tener una mente renovada llena del Espíritu Santo. Haciendo esto cerramos toda puerta para que el enemigo no nos seduzca ni engañe con sus mentiras disfrazadas.

A veces bajo el pensamiento equivocado de “no se puede ser perfecto en la vida y nunca alojar algunos pensamientos contrarios a la Palabra de Dios” damos lugar al enemigo y se crean en nuestra mente no sólo pensamientos nocivos sino también las fortalezas del diablo. Existe un gran peligro por no renovar la mente con el poder del Espíritu Santo y la autoridad de la Palabra de Dios.


En la antigüedad las fortalezas o castillos eran aquellas edificaciones hechas de paredes protectoras anchas y sólidas, construidas piedra sobre piedra. Las fortalezas espirituales del diablo se forman en la mente de manera similar: Se forman por la reiteración (piedra sobre piedra) continua de sus mentiras y se va formando alrededor de la mente una muralla.


El objetivo de Satanás es la conquista de nuestra mente y su estrategia es colocar en nuestros pensamientos sus mentiras disfrazadas para que no nos demos cuenta que son y provienen de él. ¿Va entendiendo cómo opera la secuencia destructora del enemigo? Viene primero a nuestra mente un pensamiento contrario a la Palabra de Dios, este da lugar a una idea (el pensamiento se asienta en la mente), luego se transforma en un concepto (creo la mentira) que da lugar a un argumento (es el pensamiento expresado para refutar la verdad de Dios) y se transforma en una fortaleza donde el enemigo prácticamente gobierna la mente.


Gracias a Dios todo esto puede impedirse si tomamos en cuenta lo que dice la Palabra de Dios en 2 Corintios 10:4-5 “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia en Cristo”.


Tenemos armas suficientes para impedir que alojemos en nuestra mente pensamientos contrarios a la Palabra de Dios. Con el poder del Señor podemos destruir las fortalezas y derribar todo argumento orgulloso que se levante intentando negar la eficacia de las promesas de Dios registradas en la Biblia.

El Señor tiene solamente para nosotros pensamientos de bienestar. Su Palabra así lo afirma en Jeremías 29:11 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” ¿Puede creerlo? Estos pensamientos están revelados y contenidos en sus preciosas y grandísimas promesas, las cuales aunque pasen los tiempos y las edades nunca pasarán (Mt. 24:35).

Es tiempo de dejar de creer las mentiras del diablo y decidir renovar nuestra manera de pensar en el Señor, pues una mente renovada, ¡es bendición asegurada!

domingo, 10 de julio de 2011

SEMILLAS DE BENDICION

Cosecharás tu siembra

Ritchie Pugliese

En el mundo natural existe la conocida ley de la siembra y la cosecha. Esta ley consiste en el proceso de sembrar semillas en una parcela de tierra determinada y adecuada para posteriormente poder cosechar en la medida de lo sembrado.

Nunca se puede cosechar lo que antes no se haya sembrado. Es una ley terminante dada a los hombres bajo a la tierra. Dios es el único que puede cosechar sin haber sembrado pues El es Señor sobre todo (ver Mateo 25:24) pero ha determinado que el hombre viva bajo esa ley. Es tarea del sembrador hacer primero el trabajo de la siembra y esperar el fruto de su trabajo después.
La ley de la siembra y la cosecha tiene un antes y un después. Lo que hagamos antes (bueno o malo) lo recibiremos después (bueno o malo).

El proceso de la siembra y la cosecha tiene sus ingredientes naturales, pero en realidad es un milagro de Dios. Ninguna semilla sin el poder de Dios puede dar fruto. Hay semillas que no se reproducen y no dan el fruto adecuado.
En el mundo espiritual Dios también diseñó la ley de la siembra y cosecha para que sus hijos experimenten sus bendiciones. Dios no se conforma con darnos sólo lo natural. El también quiere proveernos lo sobrenatural. En Génesis 26:12 leemos: “y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno, y le bendijo Jehová”. Así como sucedió en el pasado con Isaac, Dios quiere darnos no sólo una cosecha sino por sobre todo su bendición, que es la que nos enriquece (Prov. 10:22).

El Señor nos ha dado a cada uno una parcela de tierra o un terreno para que lo cuidemos. El terreno puede ser nuestra propia vida, la familia, la economía, la salud, el ministerio, etc. A cada instante de nuestras vidas sembramos semillas. Según como ellas hayan sido, así será nuestra cosecha. Dependerá de nuestra siembra lo que cosechemos.
En Génesis 2:15 vemos que al primer ser humano creado, Adán, le fue dado una tarea para hacer: “tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase”.

En este pasaje encontramos la clave para una siembre exitosa:

1. ANTES DE SEMBRAR HAY QUE LIMPIAR EL TERRENO
Si el terreno a sembrar está lleno de basura no podremos sembrar buenas semillas sin evitar que ellas se contaminen. Antes de sembrar debemos limpiar bien el terreno. Es quizás la etapa más difícil de realizar pues debe hacerse profundamente. Ningún sembrador diligente sembrará sin primero limpiar el terreno. En Jeremías 1:10 vemos esta secuencia: “Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir; para arruinar y para derribar; para edificar y para plantar”. El proceso natural y espiritual de la ley de siembra y cosecha es el mismo.

Cómo limpiar nuestro terreno:
1) Reconocer que nuestro terreno está sucio y contaminado. Debemos ser honestos y sinceros con Dios y con nosotros mismos y darnos cuenta que hemos plantado semillas que han dado malos frutos.

2) Arrancar semilla por semilla por su nombre específico.
Por ejemplo: Si queremos experimentar la prosperidad de Dios debemos plantar semillas de “dar con fe y obediencia los diezmos al Señor”, pero previo a eso debo arrancar la mala semilla de “avaricia”.

3) Confesión y arrepentimiento ante el Señor Jesucristo para que su sangre preciosa nos limpie de todo pecado y maldad (1 Juan 1:9).


2. DISPOSICION A TRABAJAR
2 Timoteo 2:6 dice que “el labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero”. Es responsabilidad del sembrador trabajar sembrando la semilla correcta. Lucas 8:11 nos dice que la Palabra de Dios es la semilla. A menos que sembremos la Palabra de Dios en nuestro terreno nunca veremos la cosecha de Dios.

Muchos cristianos confunden pensando que las bendiciones de Dios vendrán sin hacer nosotros nada, como por arte de magia. Es nuestra responsabilidad accionar y movernos por fe y obediencia a la Palabra de Dios. Sin fe y obediencia no vienen nunca las bendiciones del Cielo. Trabajar implica absoluta obediencia a la Palabra de Dios para sembrar las semillas de Dios. Nuestro problema es que muchas veces sembramos nuestras propias semillas y luego nos asombramos y lloramos cuando cosechamos lo que no es de bendición. La carne o el pecado sembrada nunca puede cosechar la bendición de Dios.


3. TRABAJAR GENEROSAMENTE
2 Corintios 9:6 dice que “el que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. No sólo es cuestión de sembrar sino también hacerlo generosamente. Esta palabra implica sembrar mucho. No debemos conformarnos con poco, pues el Señor nos ha llamado a lo mucho. Muchas veces debido al cansancio y tantas cosas, bajamos la intensidad de la siembra o nos detenemos totalmente. Nuestra siembra espiritual debe ser continua, día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo.

A continuación detallaré una serie de semillas excelentes que darán frutos excelentes en nuestro terreno. No se olvide que cada semilla buena debe ser colocada en el lugar donde se quita la mala semilla:

BUENA SEMILLA # 1: La Verdad, en lugar de la Mentira.
Efesios 4:25 dice: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo...”. Debemos limpiar el terreno de nuestra vida de toda mentira, “medias” mentiras o “medias” verdades. Nuestro “si” debe ser “si” y nuestro “no” debe ser “no”. La verdad debe ser el patrón de nuestra vida.
Vivir con menos es vivir por debajo de lo que Dios quiere.

BUENA SEMILLA # 2: Buenas Palabras en lugar de palabras corrompidas.
Efesios 4:29 “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. La Biblia es terminante: Ninguna palabra corrompida, es decir ni una sola palabra. Si nuestro lenguaje está mezclado con buenas y malas palabras no glorificará al Señor. Algunos cristianos no pronuncian insultos, pero dicen palabras que no convienen tales como chismes, cuentos obscenos, calumnias, griteríos, etc. Todo esto corrompe apaga la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

BUENA SEMILLA # 3: Luz en lugar de las obras de las tinieblas.
Efesios 5:11 y 8: “y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino mas bien reprendedlas”... “porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz”.
Existen muchas obras de las tinieblas que parecen “inocentes”, tales como leer el horóscopo, el juego de la copa, tirar las cartas, tener talismanes o amuletos de la suerte. Todo eso abre las puertas al obrar diabólico. El cristiano obediente no debe practicar tales cosas sino que las debe reprender en el Nombre de Jesús para mantener lejos de su vida al enemigo.

BUENA SEMILLA # 4: Amor en lugar del temor.
1 Juan 4:18 dice: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. El arma predilecta del enemigo es sembrar temor en nuestras vidas para que nos asustemos y no lo ataquemos. Cuando vivimos bajo el amor de Dios ya el temor no nos puede dominar sino que nosotros lo dominamos a el en el Nombre del Señor.

BUENA SEMILLA # 5: Paz y Armonía en lugar de contiendas.
Efesios 4:31 “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”. Los hogares son los lugares más atacados por el diablo con toda esta clase de estas cosas. Lo que comienza con una conversación termina en un verdadero infierno. El espíritu de mala interpretación es algo promovido por el enemigo para que nos expresemos mal o no entendamos bien lo que nos dicen. Al enemigo le encanta la división y la falta de armonía.

BUENA SEMILLA # 6: Perdón en lugar de rencor.
Efesios 4:32 “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. El dicho “perdono pero no olvido” refleja el rencor que queda en el corazón luego de una discusión o peleas interpersonales. El rencor es un veneno que corrompe hasta el más santo. La manera rápida de cortarlo es actuando al revés de lo que sentimos y decidir por fe, perdonar y bendecir a los que nos han maldecido. ¡Sólo con el poder de Cristo es posible!

BUENA SEMILLA # 7: Cuidar nuestra Salvación en lugar de descuidarla.
Filipenses 2:12 dice: “... ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor”. Ocuparse de alguna actividad implica tiempo y esfuerzo, dedicación y atención. La vida cristiana se desarrolla y crece por la Gracia de Dios y el trabajo nuestro. En el pacto que Dios ha hecho con sus hijos, existe una parte inicial que nosotros debemos hacer primero para ver luego la bendición de Dios. Tenemos una tarea continua a realizar. Nuestra salvación la descuidamos cuando no oramos ni meditamos regularmente, no somos constantes en nuestra asistencia a las actividades de la iglesia, no somos fieles con los diezmos y ofrendas, etc. Todas estas cosas, no nos hacen ganar la salvación, pero colaboran para que nos desarrollemos espiritualmente.

BUENA SEMILLA # 8: Fe en lugar de incredulidad
Marcos 11:22-23 dice: “Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”
La incredulidad impide el obrar de Dios y en la medida que nuestra incredulidad crezca, nuestra fe se debilitará más y más. El camino del Señor es por fe y para fe (Romanos 1:17). La incredulidad desagrada a Dios pues sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6).

BUENA SEMILLA # 9: Obediencia en lugar de desobediencia
Isaías 1:19-20 dice: “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho”. Como hijos de Dios hemos sido llamados a ser fieles y obedientes por sobre todo, siguiendo la guía del Espíritu Santo. Muchos desean más ser bendecidos que ser fieles sin darse cuenta que las bendiciones de Dios están reservadas para los que caminan en obediencia. Tomar el sendero de la desobediencia nos puede costar mucho retroceso y hacernos perder de estar en el centro de la voluntad de Dios.

BUENA SEMILLA # 10: Paciencia en lugar de impaciencia
Hebreos 6:12 dice: “a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”.
El apuro siempre nos guiará a tomar determinaciones equivocadas. La impaciencia se agigante en nuestras vidas cuando lo que estamos esperando se demora más de la cuenta. Para recibir las bendiciones de Dios no basta sólo con tener fe sino que hay que agregarle paciencia. Por la fe tomamos las promesas de Dios y por la paciencia las esperamos a que lleguen visiblemente a nuestras vidas.


Si usted decide plantar estas semillas en el terreno que Dios le ha dado, no tenga ninguna duda que al cabo del tiempo verá en su vida la Gloria de Dios. ¡Empiece hoy mismo a plantar las semillas de bendición en su terreno espiritual!

sábado, 2 de julio de 2011

LA BENDICION DEL CUARTO DIA

por Ricardo M. Pugliese

En el Capítulo 11 de San Juan encontramos revelado un episodio impactante que tiene para nosotros un significado determinante. Es el popular relato de la resurrección de Lázaro, hermano de Marta y Maria, amigos de Jesús en el cual el Señor derramó Su poder y dejó establecida lo que he llamado “La bendición del Cuarto día”. El Señor como ayer, tiene también para nosotros hoy disponible la bendición del cuarto día.

Volviendo al relato bíblico, todo comienza en el v.1 cuando leemos que Lázaro estaba enfermo y sus hermanas le mandan avisar a Jesús para que viniese a sanarle (v.3). La respuesta de Jesús suena un poco extraña pues El dijo: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el hijo sea glorificado por ella.”. Aquí Jesús deja establecida una ley espiritual que se reflejaría en la faz natural: Lázaro no iba a morir y Dios sería glorificado con el accionar de Cristo.

Es muy probable que muchos de nosotros nos veamos reflejados en el personaje de Lázaro, donde tenemos circunstancias, situaciones, etapas de la vida donde todo pareciera estar enfermo y las cosas no andan tan bien como esperábamos. Preste atención a lo que sigue porque si usted se siente así hoy es un(a) candidato(a) seguro(a) a la bendición del cuarto día.

Muchas veces pensamos que cuando tenemos situaciones “enfermas” y recibimos una palabra de Dios, sea a través de la oración, la meditación de las Sagradas Escrituras, un sueño, una visión o una palabra profética por algún siervo de Dios, la solución llegará en forma inmediata. Decimos saltando de alegría: - ¡Dios me dio una palabra! – con la idea en mente de que en los próximos minutos nuestra situación sanará… pero no fue así lo que sucedió en el caso de Lázaro y es probable que tampoco haya sido así para usted. Usted recibió la palabra creyendo que todo se haría en forma inmediata…pero no sucedió nada, todo siguió igual… El Señor trabaja de otra manera, pues en el v.6 leemos que “Cuando oyó (Jesús), pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.” ¿Sabe cómo se llama lo que hizo Jesús? ¡Demora! Sí, Jesús sabiendo la necesidad de Lázaro y sus hermanas, no corrió para hacer las cosas a las apuradas sino que no hizo nada y demoró su llegada a propósito. Es en este punto donde muchos nos ponemos nerviosos, desesperados y empezamos a correr el riesgo de decepcionarnos de Dios. Si no sabemos cómo Dios se mueve podemos ser confundidos en el proceso y perdernos la bendición final del Señor. Dios es un Dios de procesos y siempre El quiere enseñarnos algo poderoso en el trayecto hacia la obtención de Su bendición. ¿Se siente usted en este tiempo confundido debido a que Dios se está demorando en responderle algo que le prometió en Su Palabra? ¿Se siente ya al borde de la desesperación pues en la situación enferma que está ya no puede seguir más?

A esta altura de los acontecimientos leemos en el v.14 que Jesús mismo declara: “Lázaro ha muerto…” Ya Lázaro no estaba enfermo sino muerto. Durante el silencio de Dios aquí en la tierra es probable que lo que considerábamos enfermo ahora esté completamente muerto y sin esperanza. Dios le había dado una palabra, usted había creído y confesado esa palabra, pero las circunstancias empeoraron… siente en este punto que todo ha muerto, todo se ha terminado…

Es en ese proceso, cuando Dios va a aparecer en la escena para glorificar su Nombre. Humanamente hablando esto es imposible de comprender pues bajo nuestro punto de vista pensamos: - ¿Para qué esperar a que algo muera si se puede resolverlo cuando está enfermo? ¿Para qué esperar? ¿Ha estado pensando de esta manera en este último tiempo?

El v.17 dice que Jesús recién apareció a “ver” a Lázaro cuando éste ya hacia cuatro días que estaba muerto. El pasaje dice que no sólo estaba muerto sino ya en el sepulcro. Muchos de nosotros podemos encontrarnos así, que nuestros sueños, anhelos, y palabras proféticas no sólo no se cumplieron sino que están bien enterrados en el olvido. Así pensamos los seres humanos, pero no Dios…

Rodeados por situaciones que destruyen nuestra fe, Jesús aparece en la escena para glorificar su nombre en medio de las siguientes situaciones:
1. 11:17 Lázaro estaba muerto y enterrado en el sepulcro
2. 11:19 La gente estaba resignada dando palabras de resignación
3. 11:21 Marta cuando ve a Jesús se quejó
4. 11:24 Marta tenía esperanza en el futuro, pero no fe en Jesús para el presente
5. 11:31 Había un profundo y pesado ambiente de tristeza y muerte
6. 11:32 María pensaba que Dios le había fallado por llegar tarde

Quizás usted se encuentre a la fecha en medio de la misma “atmósfera pesada” en la que Jesús se vio rodeado, todas sus situaciones están muertas, los que le rodean le sugieren resignarse, vive con quejas y dudas y cree que el Señor no ha llegado a tiempo para ayudarle… ¿Le suena familiar todo esto en su situación actual?

La Actitud de Jesús
Cuando atravesamos tiempos así podemos llegar a pensar que Dios se olvidó de nosotros, que no nos ama, ni piensa en nosotros, etc. ¡Todo esto puede dar vueltas sobre nuestras cabezas si no entendemos la dinámica espiritual de cómo Dios se mueve! Dios no se complace en que los suyos sufran y se duelan; Dios no es un Dios tirano que se deleita en el dolor de sus hijos. Lea los pasajes siguientes para que pueda entender como siente el Señor:
1. 11:33 “Se estremeció en espíritu y se conmovió”
2. 11:35 “Jesús lloró”
3. 11:38 “Profundamente conmovido”

En los tiempos en los cuales todo ya está muerto y sepultado, no crea los pensamientos mentirosos del enemigo que le dicen que Dios se olvidó de usted y que usted no vale nada para Él, ni que El no lo tiene en cuenta. Dios es un Dios de amor y además es Dios fiel para cumplir la palabra. El había dicho en 11:4 que esta situación no era para muerte sino para glorificar a Dios a través suyo. Debemos aprender a entrenar nuestra fe, a creerle a Dios, aunque parezca que todo lo que vemos esté muerto y sepultado. Si usted hoy se encuentra con su vida y situación en este preciso lugar, ¡La bendición del cuarto día está muy cerca suyo!

La Bendición del Cuarto Día
En la Palabra de Dios nada fue escrito al azar o por casualidad sino con propósito. Leemos en 11:39 que “Dijo Jesús: quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.”. En la simbología bíblica el número cuatro significa algo importante, pero antes de explicarlo permítame decirle que el “cuarto día” es el día siguiente del “tercer día”. En este último tiempo se ha estado hablando proféticamente acerca de la bendición del tercer día profético de Dios, refiriéndose al Tercer Milenio y al año 2003. Muchos creyentes de todo el mundo habían recibido palabras proféticas de que en el día tercero (año 2003) verían cumplidas las poderosas promesas que Dios les había dado, pero para muchos el año 2003 fue quizás uno de los peores años de su vida donde fueron atacados despiadadamente por el enemigo, causándoles dificultades financieras, problemas físicos, luchas ministeriales, falta de recursos, esterilidad, estancamiento, etc. El diablo, sabiendo lo prometido por Dios para el año 2003, ha intentado detener en los aires la llegada de la bendición del Señor originando verdaderos estragos en la vida de los hijos e hijas de Dios…pero ¿Sabe una cosa? Dios no es un Dios carente de recursos. Cuando Dios habla, cumple y no hay diablo que pueda impedirlo. Es por eso que Dios en este tiempo nos quiere bendecir en el cuarto día profético de Dios. ¡Lo que fue retenido en el tercer día, lo recibiremos en el cuarto día!
Volviendo a la simbología bíblica, el numero “4” representa: Reinar, crear (en el cielo y en la tierra) como lo revela Génesis 1:16-19 al referirse al cuarto día de la creación:

“E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana del día cuarto.”

Entonces…
El numero “4” da la idea de la creación Divina de algo en los cielos para bendecir la tierra; fue en el día cuarto cuando Dios creó “algo arriba” para manifestarlo “abajo” en la tierra.

No sé si va entendiendo lo que el Espíritu Santo le está diciendo a usted en este día. Es en el día cuarto (año 2004) que Dios está creando algo en Su presencia para revelarlo a fin de bendecir a los suyos en la tierra. Fue en el día cuarto que Jesús dijo, frente al sepulcro de Lázaro, el cual ya estaba no sólo muerto sino aún en estado de putrefacción: “… ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” ¡El cuarto día es el tiempo exacto para ver desplegada la Gloria de Dios!

Si usted se encuentra que su vida y situaciones no sólo están muertas sino que ya están dando “mal olor”, ¡sepa hoy que ese no será su estado permanente sino que Dios será fiel para intervenir para resucitarle y darle vida!

La secuencia de la bendición del Cuarto día
En 11:41 Jesús ordenó quitar la piedra de la cueva donde estaba el sepulcro de Lázaro y en 11:43 dio la orden: “Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro ven fuera!
¿Qué fue lo que sucedió?
• Lázaro resucitó
• Lázaro dejó de dar olor putrefacto
• Lázaro salió del sepulcro
• Lázaro salió de la cueva

La bendición del cuarto día tiene dos etapas, y así como sucedió con Lázaro va a sucederle a usted también en este tiempo. La primera fue que Jesús demostró que El es la Resurrección y la Vida (11:25). Dios resucitó a Lázaro, le dio vida e hizo que su corazón vuelva a latir y que la sangre comenzara otra vez a recorrer su cuerpo, eliminado todo el olor nauseabundo de la muerte. ¡Esto es lo que Dios hará con usted! En un instante preciso de Dios, en Su tiempo oportuno y determinado, el ejecutará la Palabra que le dio hace tanto tiempo para que se cristalice en la tierra. Usted, por la Palabra del Señor, resucitará y tendrá nueva vida. ¡Piense en su vida y situación, que serán totalmente cambiadas de su muerte y putrefacción actual! ¡Es el poder de Dios obrando sin límites sobre nuestras vidas!... pero aquí no termina la bendición del cuarto día, pues ésta tiene una segunda etapa, la cual la encontramos en 11:44

“Y el que había muerto salió atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.”

En este punto Lázaro estaba vivo otra vez, pero impedido de caminar normalmente, pues la costumbre de la época era envolver al muerto como si fuera una momia. Lázaro estaba vivo pero necesitaba ser desatado. El Espíritu Santo le está diciendo a Usted en este día que la bendición del cuarto día que está viniendo sobre su vida hará que Jesús también dé la orden para que otros vengan y nos desaten. No me refiero a ligaduras espirituales sino que Dios va a enviarnos gente de cualquier lugar, gente conocida o desconocida, creyente y aún inconversa para que nos “desaten”, es decir, nos ayuden a salir de la situación imposible en la cual estamos para impulsarnos a cumplir nuestro destino en Dios. Ellos serán utilizados por Dios para que podamos ir a cumplir el destino que Dios nos había revelado de antemano. Dios en este tiempo pone en su camino personas que le ayudarán a que usted siga el camino precioso y bendecido que El le ha prometido. Dios utilizó a Faraón y al copero para desatar a José de la cárcel, y soltarlo para que éste lograse el sueño que Dios le había revelado muchos años atrás; Dios utilizó al Apóstol Pablo para desatar a Timoteo y liberarlo a fin de que este pudiera llegar a ser un pastor efectivo; Dios utilizó en Hechos 13 a los Profetas y Maestros, guiados por el Espíritu Santo por cierto, para desatar y soltar a Pablo y Bernabé al campo misionero. Dios no hace acepción de personas y si él lo hizo en el pasado con sus hijos tiene el mismo poder para hacerlo hoy con nosotros Su pueblo redimido.

¡La bendición del Cuarto día esta llegando a su vida, así que levántese en el Nombre del Señor y créale al Dios que le prometió que será fiel, no sólo para resucitarle a usted y a sus circunstancias, sino también para poner a personas en su camino que lo “desaten” para que usted siga adelante en la carrera espiritual que El Señor ha trazado en su vida, con su bendición!