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miércoles, 14 de agosto de 2013

¿DONDE ENCONTRAR LA JUSTICIA Y LA PAZ?



La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron.
Salmo 85:10


El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.
Isaías 32:17


El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia.
Salmo 23:1, 3

Desde su más tierna infancia el ser humano se muestra sensible a la injusticia, sobre todo si siente que lo han perjudicado. Su egoísmo innato lo lleva a aferrarse a sus propios derechos, los cuales quiere hacer valer, en vez de preocuparse por sus deberes y examinar su comportamiento respecto a los demás. Esta forma de ser, que a menudo provoca celos, amargura o enojo, puede conducir a todo tipo de conflictos familiares, sociales o nacionales.
En este mundo turbado por la injusticia, ¿podemos tener la esperanza de que un día triunfe la justicia y la paz universal? Este anhelo es el sueño de la mayoría, pero no se ha cumplido. La justicia humana condenó al único Justo que existió en la tierra: Jesús.
Esta esperanza de un mundo de justicia y paz universal se cumplirá un día bajo el dominio del Príncipe de paz, el Señor Jesús. Sólo Él puede hacer reinar la justicia y restablecer la paz en la tierra. Tiene el poder para hacerlo porque es Dios. Adquirió el derecho cuando se dio a sí mismo en la cruz.
Desde hoy, los que lo aceptan como su Salvador son felices de reconocerlo también como su Señor y de someterse a su autoridad. Él los conduce por caminos de justicia y llena de paz su corazón en medio de las circunstancias de la vida.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 13 de julio de 2013

ENCONTRAR UNA RAZON DE VIVIR



Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.
Eclesiastés 1:8


Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento… Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.
1 Timoteo 6:6-8

¿Podemos encontrar en este mundo gente satisfecha? En todas partes la gente exige, protesta… Y los más pudientes, que no deberían reclamar nada, a menudo son los más ávidos de novedades.
Esta insatisfacción generalizada también se manifiesta en el cambio incesante de las modas, en la forma de vestir, de divertirse, de alimentarse… Es el torbellino acelerado de los deseos y de la exasperación de las exigencias. En el fondo de todo esto, no hay ninguna satisfacción real.
“Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja” (Proverbios 14:13). Las alegrías se evaporan, los placeres pasajeros a menudo tienen un mañana amargo; los sufrimientos, el duelo y la muerte siempre están ahí. “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2).
¡Qué contraste con la persona que halló en Jesucristo una razón de vivir! Jesús es quien “sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Salmo 107:9); él “sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila” (Salmo 103:5).
Incluso en la tristeza, el creyente siempre puede tener paz; en la pobreza, puede enriquecer a otros compartiendo con ellos las verdaderas riquezas. “Como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2 Corintios 6:10).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

jueves, 21 de abril de 2011

¿DONDE ENCONTRAR LA VERDAD?

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Juan 6:68

Una estudiante austriaca se hacía preguntas sobre el sentido de la vida. Con el fin de hallar respuesta a sus inquietudes, consultó las obras de los filósofos y teólogos más antiguos: Sócrates, Aristóteles, Platón y Tomás de Aquino, pero no obtuvo ninguna respuesta satisfactoria. La biografía de San Agustín la apasionó, pero no le dio la respuesta que buscaba. Entonces se metió en el ocultismo y la astrología. Tuvo contacto con un médium que le dijo que ella ya había vivido mil años y que era la hija de un dios griego. ¡Volvió a quedar decepcionada! Nadie era capaz de responder a su pregunta: ¿Dónde encontrar la verdad?
Cierto día tomó una Biblia y empezó a leerla. Poco a poco la luz penetró en su turbada alma. Ahora tenía la respuesta que había buscado desde hacía tanto tiempo. En la Biblia halló a hombres que se hacían las mismas preguntas, y a quienes Dios había respondido. Entonces oró al Señor. Más tarde dijo: «Comprendí que la verdad se halla en la Biblia, que Jesús es la verdad, la vida y el camino que conduce al cielo, y que lo único que tenía que hacer para sentirme realmente libre era creer. Ahora soy muy feliz».
“Ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21).
“La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:14-17).
“Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)