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miércoles, 6 de marzo de 2013

Una definición diferente de la felicidad (Léase Mateo 5:3-12)



Yo, la sabiduría. Bienaventurado el hombre que me escucha.
Proverbios 8:12, 34
                                                                                              
Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
Lucas 11:28

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Mateo 5:4-6
«En nuestra cultura occidental, las nociones de felicidad y éxito personal a menudo están ligadas a criterios materiales como las riquezas, el nivel intelectual, la posición social, la importancia de la situación profesional, la popularidad… En el reino de Dios, los criterios son totalmente diferentes.  Según Mateo 5:3-12, el perfil del verdadero cristiano es definido de la siguiente manera:
Es consciente ante Dios de su pobreza y vulnerabilidad espirituales.  No busca valerse de ningún tipo de justicia propia.
Sabe llorar sobre sus propias faltas.  Su comportamiento está lleno de dulzura y humildad.
Busca fervientemente lo que es justo a los ojos de Dios.  Es conciliador y misericordioso con su prójimo.
En su corazón cultiva la pureza y vive íntegramente.  Es más bien artesano de la paz y no creador de problemas en sus contactos con los que le rodean.
Sabe aceptar la injusticia más flagrante y la persecución más injusta cometidas contra él, a causa de su fe en la verdad.
Una persona así, según Jesucristo, forma parte de las personas más felices de la tierra, porque su felicidad interior no depende de las circunstancias exteriores».

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

viernes, 10 de febrero de 2012

LA FELICIDAD

Bienaventurado el varón que… en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae.

Salmos 1:1-3

¿Quién es ese hombre bienaventurado de quien habla el Salmo 1? ¿Es acaso el que tiene mucho dinero, o muchos amigos, o quien ocupa una alta posición en la sociedad? ¡No! Un hombre feliz es primero aquel que no se deja seducir por la mentalidad de los que ignoran o desprecian a Dios. “No anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (v. 1). Existe como una progresión en el mal: primero uno entra en el mal camino, luego continúa en él y por último se acostumbra a seguir por él. Pero, ¡bienaventurado el hombre que prefiere quedarse solo antes que unirse a quienes están en contra de Dios y se burlan de él!
Su felicidad no consiste solamente en evitar lo que no agrada a Dios, sino en mantener una comunión real con él, pues la felicidad del hombre está en relación con lo que ama, en lo que piensa. Medita en la Palabra de Dios día y noche. Hace de ella su alimento, porque es la que lo pone en relación con Dios, quien desea compartir su felicidad con el hombre.
Entonces, todo creyente puede hacerse dos preguntas: ¿Leo y medito diariamente la Palabra de Dios, fuente de la verdadera vida? O bien, ¿es ella para mí algo externo y alejado? Y luego, ¿qué frutos produce ella en mi vida en cuanto al amor, al perdón, la bondad y la pureza? ¡Un árbol plantado junto a las aguas siempre está verde y “da su fruto en su tiempo”!
(v. 3).


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)