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jueves, 20 de junio de 2013

PARA LOS PADRES CRISTIANOS



(Jesús) estaba sujeto a ellos (a sus padres)… Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.
Lucas 2:51-52
La Palabra de Dios dice a nuestros hijos: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (Efesios 6:1). La Biblia los coloca en la actitud que tuvo Jesús cuando era niño. ¡Qué ánimo para los padres a fin de criar a sus hijos en el amor y el temor del Señor! (Tito 2:14; Efesios 6:1, 4). ¿Qué nos aportan a nosotros, padres, los versículos del día?
–Crecer en sabiduría: Ningún padre puede salvar el alma de su hijo. Sin embargo, los padres tienen el privilegio de transmitir a sus hijos las enseñanzas de la Biblia que pueden guardarlos y conducirlos a la salvación (2 Timoteo 3:15). Esto requiere, por supuesto, que ellos mismos se dejen dirigir por estas enseñanzas.
–Crecer en estatura: Los padres cristianos, sin descuidar los consejos y cuidados médicos, deben confiar primeramente a Dios los problemas de salud de sus hijos.
–Crecer en gracia para con Dios: Jesús el Salvador también es el perfecto modelo. Los padres deben orar para que sus hijos conozcan personalmente a Aquel que los guardó desde su infancia y para que sigan sus pisadas.
–Crecer en gracia para con los hombres: Cada niño tendrá que vivir entre los hombres de este mundo. Enseñémosles a comportarse siempre con rectitud, dulzura y humildad.
Padres cristianos, la tarea es difícil, incluso imposible sin Él. Pero “fiel es Dios” (1 Corintios 10:13). Miremos a Aquel que “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 26 de febrero de 2012

LA FE DE LOS PADRES

Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.

Hebreos 11:23

Quizás en la Biblia no haya un ejemplo de fe más conmovedor que el de los padres de Moisés. Estaban esperando un hijo, pero un decreto del Faraón obligaba a echar al río Nilo a todos los hebreos varones recién nacidos (Éxodo 1:22). Podemos imaginar esos largos meses de espera antes del nacimiento del anhelado bebé, las oraciones cotidianas de sus piadosos padres y su confianza en Dios. A pesar de la orden del rey, decidieron esconder al niño, obedeciendo así “a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Al cabo de tres meses no pudieron esconderlo más; la madre llena de fe tomó una canasta de juncos, la calafateó con asfalto y brea, colocó en ella al niño y la deslizó entre las cañas del río, bajo la vigilancia de su hermana. Dios también velaba sobre el niño y respondió a la confianza depositada en él. Permitió que la hija del Faraón encontrase al niño y confiara a la misma madre sus cuidados durante los primeros años de su vida (Éxodo 2:1-10).
¡Qué aliento para todos los padres creyentes! Después de los primeros años en los que la educación parece más fácil, llega el momento en que nuestros hijos se ven expuestos al entorno exterior. Entonces hay que construir día a día la “canasta de juncos”, es decir, una protección contra las malas influencias del mundo. Pero, por encima de todo, encomendemos con fe nuestros hijos a los cuidados del Señor, el único que puede guardarlos.


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 22 de mayo de 2011

EL EJEMPLO DE LOS PADRES

Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.

2 Timoteo 1:5.

Fue a Timoteo, su hijo en la fe, a quien el apóstol Pablo escribió su última carta, antes de sufrir el martirio. El joven discípulo tuvo que haber reflexionado más de una vez en su mente sobre las últimas recomendaciones del apóstol.

Éste le recordó la fe de su abuela y de su madre. Se podría pensar que la enseñanza y el ejemplo de Pablo mismo eran muy suficientes; sin embargo, al Espíritu de Dios, quien inspiró esta epístola, le pareció bien dejar en el corazón de Timoteo el recuerdo de su infancia y de la piedad de aquellas mujeres fieles que lo criaron.

También nosotros, si tuvimos padres piadosos, somos invitados a recordar el ejemplo que nos dejaron. Ellos fueron los primeros en hablarnos del Señor Jesús y de su gracia, los que nos criaron en un ambiente propicio al contacto con Dios, quienes leyeron la Biblia y oraron con nosotros. Seamos agradecidos con ellos y con Aquel que nos los dio.

Y si tenemos el gozo y la responsabilidad de tener hijos, pensemos en el ejemplo que les damos desde su más tierna infancia y en toda ocasión. Mediante nuestra conducta de todos los días podremos alentarlos a vivir por la fe.

Que nuestras casas sean los lugares donde Dios sea honrado, la Biblia leída y meditada cada día, la oración un verdadero hábito, la paz mantenida y la alegría constante. La paz de Dios gobierne en vuestros corazones… y sed agradecidos”. (Colosenses 3:15).