miércoles, 26 de julio de 2017

LA EXTRAORDINARIA EXTENSIÓN DEL CRISTIANISMO

 
Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos... hasta lo último de la tierra.
Hechos 1:8
La mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó.
Hechos 11:21
 
 
«El cristianismo se estableció en el mundo, no mediante la riqueza, la fuerza o la elocuencia; lo hizo sin ningún medio humano y contra todos los obstáculos. ¡Explíquenos, si lo desea, cómo es posible que pescadores, fabricantes de tiendas, ignorantes sin elocuencia ni recursos, provenientes de Judea, hayan podido, en medio de persecuciones y peligros, llevar a la fe a filósofos, oradores y sabios! ¡Explíquenos cómo hubiesen podido, sin la ayuda divina, establecer el cristianismo, a pesar de los tiranos, los filósofos y los sofistas, luchando contra el error, las costumbres, las pasiones y los prejuicios fundados durante siglos, expuestos sin cesar a la persecución, las torturas y la muerte!
Si doce hombres débiles, sin armas, sin experiencia en los combates, se lanzaran de repente contra un ejército de combatientes y consiguieran destruir ese ejército, ¿no se trataría de algo extraño, algo que va más allá de las fuerzas de la naturaleza? Esto fue lo que hicieron los apóstoles de Jesucristo. La victoria que ganaron sobre el mundo es mil veces más grande, mil veces más admirable. ¡Solo puede ser el resultado del poder divino!».
Así se expresaba Juan Crisóstomo, uno de los «padres» de la Iglesia del siglo 4. Los cristianos siguen siendo perseguidos; en un lugar u otro del globo, los ataques contra la Biblia continúan. Sin embargo la Biblia, la Palabra de Dios, sigue siendo el libro más leído y el más traducido en el mundo. ¡El poder del amor de Dios permanece!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 23 de julio de 2017

LA RESURRECCIÓN

 
Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.
Hechos 24:15
(Jesús dijo:) Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Juan 11:25
Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
1 Corintios 15:20
 
 
La Biblia habla de dos resurrecciones: la resurrección de vida, para los creyentes; y la resurrección de condenación, que concierne a todos los que no creen en Jesucristo.
Cuando Jesús vivía en la tierra, mucha gente pensaba que habría una resurrección de todos los hombres. El Señor la confirmó, sin diferenciar los momentos en que tendrán lugar las dos resurrecciones. Luego los apóstoles dieron más detalles sobre la cronología y las circunstancias de cada una de ellas.
–Cuando tenga lugar la primera resurrección, la de la vida, el creyente recibirá un cuerpo semejante al cuerpo de gloria de su Señor. El alma y el espíritu se unirán nuevamente al cuerpo, para que aquel que fue redimido por Cristo pueda participar de la vida y de la felicidad celestial. Cuando Jesús vuelva, todos los creyentes que hayan muerto resucitarán e irán al cielo, juntamente con los vivos, para estar siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:15-17).
–La segunda resurrección es una resurrección para juicio. Será un acontecimiento único y concernirá a todos los que durante su vida en la tierra rechazaron al Señor Jesús y no recibieron la vida divina mediante la fe. Resucitarán para ser juzgados (Apocalipsis 20:11-15). Toda su vida será expuesta a la luz del Juez supremo. Entonces la condenación será pronunciada y ejecutada, ¡sin recurso posible!
¡Hoy todavía es un día de gracia para cada uno!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 22 de julio de 2017

PROBLEMAS INSOLUBLES

 
¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?
Marcos 16:3
Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo.
Mateo 28:5-6
 
 
“¿Quién nos removerá la piedra?”. Esta fue la pregunta que se hicieron tres mujeres aquel domingo de Pascua por la mañana, en Jerusalén. El Señor Jesús había muerto el viernes, y ahora ellas iban a la tumba con la intención de embalsamar su cuerpo, según la costumbre de la época. Pero sabían que una gigantesca piedra circular cerraba la entrada de la tumba. ¿Quién nos removerá la piedra?, se decían con preocupación mientras caminaban. Comprobaban que no tenían ayuda para abrir la tumba, pero cuando llegaron, la piedra había sido removida. Además supieron que Jesús había resucitado, ¡que estaba vivo!
Hay situaciones en nuestra vida que nos entristecen o nos preocupan. Somos conscientes de que no tenemos ningún recurso. ¿Quién me librará de este obstáculo insuperable que tengo ante mí? A menudo la gracia y el poder de Dios han respondido a nuestra necesidad incluso antes de que se presente: ¡la piedra ha sido removida! En el cielo tenemos a un Señor vivo, todopoderoso. Junto a él podemos resolver los problemas delicados y vencer los obstáculos insuperables. Quizá no sea de la manera en que nos lo imaginamos, sino como a él le parece bueno para nosotros.
Oremos al Señor con confianza. Cuando ya no sabemos qué hacer, cuando las pruebas nos agobian, él no nos abandona: “Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias” (Salmo 34:6).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

viernes, 21 de julio de 2017

COMO EL AGUA Y EL FUEGO

 
¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor...?
Jeremías 23:29
Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve... que riega la tierra, y la hace germinar y producir... así será mi palabra que sale de mi boca.
Isaías 55:10-11
 
 
¡Sin agua no existe la vida! El agua es un elemento natural imprescindible para la vida. Si cae con moderación en forma de lluvia, es una fuente de bendición para la tierra, pero puede generar catástrofes si cae en forma de granizo o si inunda una región.
Lo mismo sucede con el fuego. Nos calienta y cuece nuestros alimentos. Sin embargo, a veces un incendio solo deja muerte y desolación.
La Palabra de Dios es comparada tanto al agua como al fuego. Efectivamente, es una fuente de bendición para todos los que creen y aceptan para sí la gran salvación que Dios ofrece a los hombres. Entonces esta palabra se convierte en su gozo diario. Los limpia de sus pensamientos impuros y los refresca hablándoles de Jesucristo.
Pero esta misma palabra que salva, también anuncia terribles juicios a los que rechazan la gracia y el perdón que Dios les ofrece. Como un fuego que devora, el juicio alcanzará a todos los que no quisieron tomar en serio las solemnes advertencias de la Palabra de Dios.
“Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:7).
“El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4:14).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

jueves, 20 de julio de 2017

20 DE JULIO DE 1969

 
Jesús... anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo.
Hechos 10:38
 
 
El 20 de julio de 1969, hace exactamente 48 años, por primera vez en la historia de la humanidad un hombre puso el pie en la luna. Refiriéndose a este suceso, el astronauta americano James Irwin escribió: «Lo importante no es que el hombre haya caminado sobre la luna, sino que en la persona de Jesús, Dios haya venido a caminar en la tierra». Ante esta proeza del hombre, la presencia de Dios en la tierra hace 2.000 años es un hecho de un alcance totalmente diferente.
En el instante en que Neil Armstrong puso el pie en el suelo lunar, todo el planeta vivió unos momentos de gran entusiasmo. Pero cuando el Hijo de Dios vino a la tierra, fue recibido con el odio y la hostilidad de su criatura. Los hombres, por naturaleza enemigos de Dios, rechazaron al Enviado del cielo: inmediatamente trataron de matar a Jesús.
El hecho de que un hombre llegase a caminar sobre la luna probó el alto grado de tecnología que hemos alcanzado. Pero Jesús en la tierra reveló a la vez la maldad del corazón humano y el amor de Dios con respecto a la humanidad perdida. Caminar sobre la luna halagó el orgullo del hombre. Pero la venida de Jesucristo a la tierra, su muerte en la cruz, su resurrección produjeron y demostraron su victoria resplandeciente, definitiva sobre el pecado y la muerte que dominan toda la humanidad.
Que el hombre haya caminado sobre la luna no cambia gran cosa en nuestra cotidianidad. Pero el hecho de que Jesús haya venido a esta tierra puede transformar totalmente la vida del que acude a él y lo acepta como su Salvador.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

miércoles, 19 de julio de 2017

¿POR QUÉ O PARA QUÉ?

 
¿Por qué me pones por blanco tuyo...? ¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo?
Job 7:20; 13: 24
Él no da cuenta de ninguna de sus razones.
Job 33:13
 
 
A menudo en la Biblia, y a veces también en nuestro lenguaje, el porqué es la expresión de la rebelión. Expresa un desacuerdo con lo que Dios dice, o una insatisfacción con respecto a lo que hace. La sorpresa, la decepción, la impaciencia pueden traducirse por esta pequeña palabra. Es como si uno pidiese cuentas a Dios o le dijese: No estoy de acuerdo. El creyente corre el peligro de actuar así cuando pasa por una prueba: ¿Por qué yo y no los demás? ¿Por qué de esta manera y no de otra?
Esto no significa que ante los problemas que surgen en la vida, el cristiano no pueda hacerse ninguna pregunta. ¡Gracias a Dios puede formular a su Señor un porqué lleno de confianza! Pero si es un porqué amargo e insolente, entonces es mejor decir: para qué. ¡No hagamos reproches a nuestro Dios con respecto a una prueba que nos sorprende y nos detiene! No, más bien tratemos de comprender con qué objetivo nos fue enviada: Señor, ¿qué quieres producir en mi vida mediante lo que acaba de sucederme? ¿Qué lección quieres enseñarme? ¿Es la paciencia, la humildad, la sumisión a tu voluntad? ¿Quieres que deje de fijarme en los recursos que puedo encontrar aquí o allí para que pueda apreciar el valor de los tuyos?
Cuando pasemos por una prueba, esforcémonos en formular, no el porqué de la insumisión, sino el para qué de la confianza en nuestro fiel Dios.
“Aunque afligido yo y necesitado, el Señor pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes” (Salmo 40:17).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

martes, 18 de julio de 2017

VUESTRO PADRE SABE

 
No os preocupéis por lo que habéis de comer... de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
Lucas 12:29-31
Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
Mateo 6:8
 
 
Qué consoladora es esta pequeña frase: ¡“Vuestro Padre sabe”! Jesús no dice: «Vuestro Padre vendrá a ayudarles», cosa que es cierta, sino que insiste en el hecho de que él conoce perfectamente todas nuestras necesidades. Él sabe. ¿No nos basta saber, en todas las situaciones, que nuestro Padre sabe todo lo que nos concierne, que siempre nos escucha, que su amor no cambia? Él sabe. No se le escapa nada relativo a sus criaturas. ¡Descansemos en esta seguridad!
Nuestro Padre sabe cuáles son nuestras necesidades. Las contó, las pesó y se ocupa de ellas con sabiduría y amor. La simpatía de los hombres siempre tiene sus límites, pero cuando una persona que sufre experimenta que Dios está a su lado, ¡qué alivio!
El apóstol Pablo, encadenado en una cárcel, lo experimentó. Con respecto a su comparecencia ante el tribunal del emperador escribió a Timoteo: “El Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas” (2 Timoteo 4:17). En otra ocasión dramática, a punto de naufragar, declaró a sus compañeros de viaje: “Esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas” (Hechos 27:23-24).
Dios se ocupaba de su siervo y lo fortalecía en la tempestad. Quizá no nos envíe un ángel, pero él “sabe”, y este pensamiento calma nuestras inquietudes y nos da ánimo.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)