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sábado, 27 de julio de 2013

LAS TRES RESURRECIONES HECHAS POR JESUS



Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer.
                                                                                                                 Lucas 8:55.


Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar.  Y lo dio a su madre.
                                                                                                  Lucas 7:15.

Jesús resucitó a la hija de Jairo, una niña de doce años, y pidió a sus padres que le diesen de comer (Lucas 8:41-56). Al igual que la vida física, la vida divina necesita alimento para desarrollarse, principalmente en los jóvenes en la fe. Jesús dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lucas 4:4). Y el apóstol Pedro escribió: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada” (1ª Pedro 2:2). Esta Palabra nos es indispensable, es el verdadero pan que viene del cielo, el pan de vida: “Mi Padre os da el verdadero pan del cielo” (Juan 6:32, 35, 58).

       Jesús resucitó a Lázaro y lo liberó de lo que le impedía caminar. Él dijo: “Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:38-44). El hijo de Dios debe andar “en vida nueva” (Romanos 6:4). Es libre, y el Espíritu lo conduce. “En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5:8-9).

       Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naín, el cual se sentó y volvió a hablar (Lucas 7:11- 17). El creyente nacido de nuevo es testigo de Aquel que lo llamó a la vida. Puede decir a sus familiares todo lo que Dios hizo por él (Marcos 16:15; Lucas 8:39). No dudemos, ¡tenemos una Buena Noticia que anunciar! La vida que Jesús nos da es vida entre los muertos; ahora él nos llama a vivir “extendiendo a todos la palabra de vida” (Filipenses 2:16, V. M.).

domingo, 10 de marzo de 2013

LA RESURRECCION: VIDAS TRANSFORMADAS



Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús.
Hechos 4:33


El que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús.
2 Corintios 4:14

Actitud de los discípulos de Jesús:
–En el momento de su arresto y de su muerte: Todos le dejaron y se fueron.  Pedro lo negó (Mateo 26:56, 70-74).
–Cuando las mujeres que regresaron de la tumba vacía anunciaron su resurrección: Estaban escépticos, tristes (Lucas 24:11, 17) y temerosos (Juan 20:19).
–Cuando Jesús apareció vivo a algunos de ellos: Unos permanecieron incrédulos y otros dudaron (Mateo 28:17).
No obstante, el domingo de Pentecostés los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo.  ¡Qué contraste! Proclamaron valientemente a las multitudes y a los jefes religiosos el mensaje del Evangelio.  Como resultado miles de personas fueron añadidas a la Iglesia de Jesucristo (Hechos 2:41; 4:4).  Y ellas también proclamaron este Evangelio de la salvación.  ¿Qué les daba esta valentía, esta fuerza para que pudiesen soportar arrestos, la cárcel, los golpes e incluso sacrificar sus vidas? ¿Qué fue lo que transformó la vida de un fariseo perseguidor de los cristianos, Saulo de Tarso, en el apóstol Pablo, ferviente cristiano?  ¡Era la seguridad de que Jesucristo había triunfado sobre la muerte, que había resucitado! Esta victoria aporta la salvación, la paz en el corazón, la fuerza y la extraordinaria esperanza de la resurrección del cuerpo, más allá de la vida terrenal, a todos los que han puesto su fe en la obra de la cruz.  El día de la resurrección del Señor, cada domingo, veinte siglos después, los cristianos aún recuerdan esa «buena noticia».

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 17 de febrero de 2013

La resurrección (3): La sepultura de Jesucristo



Tomando José el cuerpo (de Jesús), lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña.
Mateo 27:59-60


Entonces ellos (los jefes religiosos) fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
Mateo 27:66

(Mateo 27; Marcos 15; Lucas 23; Juan 19)
Jesús murió el viernes después de las tres de la tarde (novena hora judía).  Los judíos exigían que los cuerpos de los crucificados fuesen sepultados antes de que comenzase el día de reposo, es decir, antes de las seis de la tarde.
Quienes rindieron los últimos honores al cuerpo de su Maestro fueron José de Arimatea, un hombre rico, y Nicodemo.  Ambos eran discípulos de Jesús en secreto.  José se encargó de pedir el cuerpo de Jesús a Pilato, el gobernador romano.  A Pilato le extrañó que Jesús ya hubiese muerto, pero permitió que se llevase el cuerpo.
José, con la ayuda de Nicodemo, lo depositó en una tumba nueva labrada en la piedra, de la cual era propietario.  Estaba situada cerca del lugar de la crucifixión.  Envolvieron el cuerpo “en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos” (Juan 19:40).  A continuación rodaron una gran piedra contra la puerta de la tumba y se fueron.  Las mujeres que habían asistido a la crucifixión, después de ver cómo depositaban el cuerpo en la tumba, dejaron el lugar.
Los jefes religiosos, temiendo que los discípulos de Jesús robasen su cuerpo, pidieron permiso a Pilato para sellar la puerta de entrada de la tumba.  También pusieron guardias, de modo que la tumba de Jesús estuvo bajo máxima vigilancia.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 10 de febrero de 2013

La resurrección (2): La muerte de Jesucristo



Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Lucas 23:33

Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.
Lucas 23:46

Los hechos relatados por la Biblia con respecto a la muerte y a la resurrección de Jesucristo se encuentran en los cuatro evangelios escritos antes del final del primer siglo por testigos de estos acontecimientos.  Éstos pueden resumirse en tres puntos:
1. Jesús fue crucificado y murió en la cruz.
2. Fue sepultado en una tumba, la cual seguidamente fue sellada y custodiada.  Esa tumba quedó vacía tres días más tarde.
3. Apareció vivo a numerosos testigos, quienes creyeron en su resurrección y la proclamaron.
Examinaremos esos tres puntos empezando por la muerte de Jesús.  Los evangelios relatan, con mucha sobriedad, la crucifixión de Jesús y su muerte en la cruz del Gólgota.  Más o menos al cabo de seis horas de crucifixión, y después de haber clamado a gran voz, Jesús “entregó el espíritu” (Mateo 27:50; Juan 19:30), “expiró” (Marcos 15:37; Lucas 23:46). Numerosos testigos asistieron a esa muerte: un centurión romano, acostumbrado a ese tipo de suplicios, quedó tan impresionado por la muerte de Jesús, que declaró: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Marcos 15:39); unas mujeres que habían seguido y servido a Jesús durante los tres años de su ministerio (Marcos 15:40-41); Juan, el discípulo, dio testimonio que uno de los soldados romanos “le abrió el costado con una lanza” (Juan 19:33-34).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 3 de febrero de 2013

La resurrección (1): El fundamento del cristianismo



Comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
Mateo 16:21

(Jesús dijo:) Yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.
Apocalipsis 1:17-18
¿Hay una noticia más extraordinaria que la resurrección de Jesucristo de los muertos? La resurrección de Cristo es una verdad central del cristianismo.  Contrariamente a las creencias basadas en filosofías o ideologías, el cristianismo está fundado en un acontecimiento histórico: una tumba vacía y una persona viva, es decir, Jesús.  El apóstol Pablo subrayó este aspecto fundamental escribiendo en una epístola, poco tiempo después de que el Señor estuviese en esta tierra: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados… Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”, pero luego añade: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:17-20).  No es sorprendente que a lo largo de los siglos esta verdad haya sido atacada por los que se oponen a Cristo.  Ya desde los tiempos de Jesús la secta de los saduceos negaba la resurrección de los muertos, pero los ataques se multiplicaron desde mediados del siglo 19 hasta hoy.  No obstante, si Dios pidió a los hombres que creyesen en la resurrección de su Hijo, también se encargó de dar numerosas pruebas de ello.  Existen pocos acontecimientos históricos que hayan sido descritos y confirmados por tantos testigos.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)