Mostrando entradas con la etiqueta LIBRO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LIBRO. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de noviembre de 2013

EL LIBRO DE LA VICTORIA DE JESUS



Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Apocalipsis 1:8

El libro del Apocalipsis, el último de la Biblia, es como un inmenso cuadro que nos revela cómo Jesucristo, victorioso en el cielo, cumplirá el designio final de Dios. El mundo se dirige hacia disturbios mayores, e incluso hacia los juicios de Dios. La violencia y la inmoralidad hacen estragos, paralelamente a la indiferencia hacia Dios. Pero a su tiempo Él intervendrá mediante un juicio. Actualmente su paciencia aún permanece y ofrece su perdón al que cree en Jesucristo.
Bien sabemos que Satanás no se opondrá por siempre a los creyentes y no arrastrará indefinidamente al mundo hacia su desgracia, pues un día será definitivamente lanzado “al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). Entonces todos los poderes del mal desaparecerán.
Todas las religiones que los hombres imaginaron, incluso las que dicen estar basadas en la Biblia, pero que no “obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:8), serán juzgadas.
Este libro confirma las antiguas profecías con respecto al Mesías: Jesucristo reinará como “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16).
En resumen, este libro demuestra que Dios controla todos los acontecimientos en el cielo y en la tierra, y que tendrán lugar exactamente como lo decretó: la unión de Cristo y su Iglesia en el cielo (Apocalipsis 19:6-9); el reino de justicia y de paz de Cristo en la tierra (cap. 11:15-17; 20:6); el juicio de los muertos en su incredulidad (cap. 20:11-15; 21:8) y luego los nuevos cielos y la nueva tierra (cap. 21:1-7).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 2 de marzo de 2013

¿Quién es digno de abrir el libro? (Léase Apocalipsis 5)



Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Apocalipsis 5:9-10

En la Antigüedad, los edictos de los reyes eran sellados.  Abrir los sellos para leer los edictos era un acto muy solemne.  En el último libro de la Biblia, es decir, el Apocalipsis o Revelación, hallamos una pregunta: ¿“Quién es digno de abrir el libro” (v. 2) que está en la mano derecha de Dios, sellado con siete sellos? Ese libro contiene el decreto divino sobre los juicios que alcanzarán a la humanidad incrédula.  Durante mucho tiempo su contenido permaneció oculto.  Con paciencia Dios esperaba que los hombres se volviesen a él.  Pero un día llegará el momento de ejercer sus juicios para preparar la llegada de su reino.
Nadie puede abrir el libro, ni siquiera mirarlo (v. 3).  ¿Quién puede, sino sólo Dios, proclamar el final del período del evangelio de la gracia y el comienzo de los juicios? Una voz dice: “El León de la tribu de Judá (Jesús)… ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (v. 5).  El único que puede abrir el libro es el Señor Jesús, quien aparece en medio del trono en la forma de cordero inmolado (v. 6).
El título de Cordero de Dios recuerda que Jesús sufrió y murió en la cruz, que fue rechazado por los hombres y cargado con el pecado de muchos.  Ahora Jesús es el Salvador.  Luego será el Juez.  ¿Por qué? Únicamente el Hombre perfecto que nunca cometió pecado podrá juzgar a los hombres culpables que no hayan aceptado el evangelio de la gracia.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 12 de enero de 2013

EL LIBRO DE LAS CERTEZAS



Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
2 Pedro 1:21


Palabra fiel y digna de ser recibida por todos.
1 Timoteo 1:15

Desde hace mucho tiempo, numerosas personas entre los llamados cristianos intentan sacar sus predicciones de la Biblia.  A través de augurios anuncian todo tipo de males, e incluso el fin del mundo, hasta el punto de fijar fechas.  La Biblia no es un libro esotérico ideal para sugerir especulaciones de ese tipo.
La Biblia es la Palabra de Dios.  Ella muestra a los hombres que ellos son pecadores y que merecen el juicio venidero.  Mientras todavía es tiempo, Dios quiere volver nuestra mirada hacia Jesucristo, el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6).
El que le escucha encuentra en la Biblia todo lo que tiene que saber para ser salvo.  En cuanto al pasado, sabe que sus pecados están perdonados: Cristo los expió en la cruz.  Para él, el presente es una etapa en comunión con Dios (Romanos 5:1-2).  Su razón de vivir es Jesucristo, su Salvador, quien prometió estar con él todos los días (Mateo 28:20).  En cuanto al futuro también recibe certezas basadas en las promesas del Señor:
“No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).
A pesar de los acontecimientos inquietantes que se producen alrededor de nosotros, el cristiano puede, día tras día, confiar en Dios respecto a todo lo que le concierne.
“Con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia” (Eclesiastés 8:12).
“La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan” (Esdras 8:22).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 16 de diciembre de 2012

LEA EL LIBRO DE DIOS



Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.
Apocalipsis 1:3


Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley.
Salmos 119:136


Ocúpate en la lectura.
1 Timoteo 4:13

El profeta Jeremías acabó su servicio durante los reinos de los últimos reyes de Judá, quienes hicieron “lo malo ante los ojos del Señor” (2 Reyes 23:32; 24:9, 19).  Exhortaba al pueblo de Israel a arrepentirse y a volverse a Dios.  Pero nadie lo escuchó y Jeremías fue encarcelado.  Dios lo visitó allí y le ordenó que escribiese en un rollo las palabras que Él le decía.  En su celda, Jeremías dictó el mensaje de Dios a Baruc, su secretario, y le pidió que lo leyese al pueblo, a los príncipes y al rey (Jeremías 36).  Cuando el rey oyó esas palabras, rompió y quemó el rollo, y exigió que le entregasen a Jeremías y a Baruc.  Pero Dios los escondió.  Entonces Baruc escribió un segundo rollo anunciando el mismo juicio, que no tardó en caer sobre el pueblo y los reyes infieles.
Siglos más tarde, encadenado en Roma, el apóstol Pablo pudo decir: “La palabra de Dios no está presa” (2 Timoteo 2:9).  En la cárcel escribió cartas que forman parte de las Escrituras y que leemos con interés.
Los hombres pueden quemar la Biblia, pero no impedirán que Dios cumpla sus propósitos revelados en ella.  Jesús dijo: “El que… no recibe mis palabras… la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48).  ¿Somos de los cristianos que leen la Biblia y le prestan atención?

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

viernes, 13 de julio de 2012

UN LIBRO DIFERENTE DE TODOS LOS DEMAS


Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar,

para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 
a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente preparado para toda buena obra.
2 Timoteo 3:16-17. 

 La manera en que se compuso la Biblia es en sí un milagro.  Las primeras páginas se escribieron hace unos 34 siglos, y las últimas hace aproximadamente 1900 años.  Fue escrita por unos cuarenta escritores de orígenes, culturas, situación social y caracteres muy diferentes.  La mayoría no se conocía entre sí, no obstante, ¡qué unidad y coherencia!

       Lo que diferencia la Biblia del resto de los libros es su mismo origen y su naturaleza.  Es la Palabra de Dios dirigida al hombre.  Está divinamente inspirada, es decir, Dios mismo comunicó sus pensamientos a los hombres piadosos que él escogió para escribirla.  No fue el escritor quien adaptó el pensamiento de Dios, teniendo en cuenta su carácter y su educación, sino que se trata de las “palabras enseñadas por… el Espíritu” (1 Corintios 2:13).

       La Biblia no procede ni es propiedad de un pueblo o una religión en particular: en ella Dios habla a todos los seres humanos responsables, independientemente de su edad, educación y posición social en el mundo.  En su amor, Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Por lo tanto nadie puede decir: «No sé si Dios quiere salvarme».

       Dejémonos penetrar por esa agradable luz de la Palabra de Dios.  Entonces las dudas y los razonamientos darán paso a las certidumbres divinas. 

lunes, 16 de abril de 2012

UN LIBRO QUE CONSUELA

Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.

Salmos 119:162



¿No hacen mis palabras bien al que camina rectamente?

Miqueas 2:7

«Una simple línea en la Biblia me consoló más que todos los libros que he leído. La Biblia puesta al alcance de todos es el mayor beneficio que haya podido conocer la humanidad». Emmanuel Kant (1724-1804).
Según su propia afirmación, el brillante filósofo se había dado cuenta de que la Biblia responde, de forma única, a nuestra necesidad de ser consolados. ¿Por qué la Biblia tiene este poder para consolar? Porque ella nos pone en contacto con Dios. Por eso leer superficial o fríamente la Biblia, como si fuese una revista o una obra científica, no permite captar su mensaje. ¿Qué pensaríamos de un joven que leyese una carta de su novia como si fuese un artículo científico? Hay que leer la Biblia tal y como ella se presenta, es decir, como la Palabra de Dios. Es la única manera honesta de leerla y el método para comprender su mensaje siempre tan actual.
Cuando la leemos somos llevados a la presencia de Dios, de sus pensamientos y de su voluntad. Por ello tenemos que leerla con fe, respeto, humildad, confianza, y con el deseo de aplicarla a nuestra vida.
La Biblia presenta a Jesucristo como Aquel que nos ama y que lo demostró muriendo en la cruz para borrar todo lo que nos alejaba de Dios. Nos invita a reconocer a Jesús como el único que nos salva de nuestros pecados, el único que realmente puede comprendernos y acompañarnos todos los días de nuestra vida hasta la eternidad.


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)